?ntiguamente había mitos asociados a los lobos. Y no sólo Caperucita y el hombre lobo. Por todas partes se contaba del soldado que, en un permiso, se lo comieron los lobos, dejando sólo los pies en los zapatos. Otras veces la víctima era el médico. Hoy han cambiado, pero sigue habiendo leyendas, a veces sin fundamento, -cree Emilio García-, que están muy difundidas, como lo de que se sueltan lobos. «Lo que ocurre es que una manada, en condiciones normales, intenta criar cada año, sólo una vez al año. El número de lobos en una manada no aumenta indefinidamente; algunos se van, dispersándose. A veces cientos de kilómetros. Esto explica la aparición de manadas en zonas donde hace muchos años que no se conoce su presencia. Basta con que se junten un macho y una hembra», dice. Añaden estos biólogos que, por otro lado, el paisaje está cambiando y cada vez hay más territorio disponible para el lobo. Razonan que, aplicando la lógica, ¿a qué Administración le interesaría «soltar» una especie tan conflictiva y que va a traer tantos problemas de gestión como es el lobo?. Si no hay una persecución excesiva, tiene una gran capacidad para recuperar sus poblaciones y colonizar nuevas áreas sin necesidad de «sueltas». Ecologistas de Adega, no dudan en proponer la reintroducción del lobo en territorios donde estuvo presente (con ejemplares capturados vivos en zonas de mayor densidad) pero es la sospecha de que «la Xunta suelta lobos», lo que más indigna a los ganaderos de O Xistral y otros lugares. Medio Ambiente lo ha negado reiteradamente cuando se airea tal comentario en múltiples lugares donde se producen ataques. El jefe del servicio de Biodiversidade, Jesús Santamarina, lo desmentía categóricamente a este diario, que intentaba contrastar el siguiente relato de un lugareño: «Baixaron seis lobos dun furgón, cerca da Balsa (Muras), viunos un veciño a cabalo e logo mataron cinco a tiros, pois non escapaban da xente, víase que eran criados».