El precio será de 3 ó 5 euros en función del tamaño de cada pieza
08 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.El año pasado una de las anécdotas de estos festejos de San Antonio fue que se agotaron rápidamente las roscas que se subastaron. La comisión no quiso quedar este año desprevenida, y ya anunció que se pondrán a la venta 700 roscas, cuyos precios oscilarán entre los 3 y los 5 euros, siempre en función del tamaño de la pieza que se adquiera por parte del cliente. Los puntos de venta estarán ubicados en la plaza de Santa Clara y a la altura de la iglesia de San Antonio, en la calle Manuel María. «En esta ocasión esperamos que haya roscas para todos, porque es una de las tradiciones que nos distingue de otras fiestas de esta comarca», apuntó Mougán, integrante de la comisión. Este producto es uno de los símbolos identificativos y la potencialidad gastronómica de estas fiestas y de las de San Lázaro. Muchos son los que se preguntan cuál es el secreto para que estas roscas tengan tanta aceptación. De hecho, hay mucha cola para comprarlas. Los dos argumentos que justifican y explican esto son el sabor y la forma de elaborarlas. Ingredientes Cada una de estas piezas se compone de productos autóctonos. Las roscas tienen los siguientes ingredientes: huevos, azúcar, harina y esencia de anís. Son distintas a otras roscas que se elaboran en la comarca de Lemos, especialmente en la parroquia soberina de Millán. Lo que las diferencia es el color. Las de San Antonio tienen pocos días de conservación. No sobrepasan los dos y pueden degustarse solas, sin necesidad de tener que acompañarlas de queso como las de Sober. La tradición se remonta a los años cincuenta. Durante las épocas de crisis y carestía, las mujeres de este barrio monfortino visitaban todas las casas en busca de huevos para elaborar estas afamadas roscas. La cantidad dependía de lo que pudieran reunir los días inmediatamente anteriores a la fiesta. El toque casero lo ponían las amas de casa, que la noche anterior al 13 de junio la pasaban amasando y cociendo las piezas, para que al día siguiente estuvieran frescas y deliciosas. Así, también se subastaban, y con parte del dinero que recaudaban invertían precisamente en las atracciones musicales que amenizaban los festejos. La subasta no perdió su fama y cada vez son más los que se acercan hasta Monforte el día grande de las fiestas para participar en los oficios religiosos y llevarse la rosca, sin importarles . La gastronomía se completa estos días de fiesta en casa de los anfitriones con el cabrito asado o el cordero, la leche frita y el postre característico de Monforte, la larpeira. Todo ello, regado con buenos vinos de la Ribeira Sacra.