En directo | Imprudencias peligrosas Coches por calles peatonales, altas velocidades en cualquier punto del casco urbano y trompos en los aparcamientos son cada vez más frecuentes los fines de semana
01 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Son las dos de la mañana del 1 de mayo. Casi todos los locales de copas de la calle Duquesa de Alba están abiertos, y decenas de personas apuran la noche aprovechando que al día siguiente no hay que trabajar. Hacia la mitad de la calle, un coche acelera súbitamente a la altura de la discoteca Idea y en pocos segundos se pone en el cruce de la calle San Lázaro, se salta el stop y hace un trompo para dar la curva y seguir a toda velocidad hacia el barrio de Carude. Escenas similares a esta se reproduce varias veces cada noche de sábado o de vísperas de festivo, incluso cuando la calle está llena de gente y el riesgo para los peatones es más que evidente. Sin embargo, cosas así no pasan sólo en la calle Duquesa. Seguimos ayer de madrugada, pero un poco más tarde. A eso de las cuatro, un turismo se mete entre las jardineras que se supone deberían impedir el paso desde la plazuela de los Chaos hacia la calle Doutor Teijeiro, y que habitualmente están movidas, posiblemente para permitir durante el día a los vehículos de reparto. Una vez superado este mínimo obstáculo, el conductor pisa el acelerador en una calle de apenas cuatro metros de ancho y atraviesa la zona peatonal del casco viejo por la plaza de España y la calle Comercio. Ahora son las cuatro y media. En la calle Chantada se oye el estruendo característico de un tubo de escape deportivo. Después de pasar por el cruce con la calle Ourense, un conductor que circula hacia la salida del casco urbano pone el coche a todo lo que le da el motor. La calle Chantada tiene setecientos metros de largo y es casi recta. El único obstáculo es el semáforo en rojo del cruce de la calle Saviñao. El coche ni siquiera reduce velocidad. Se lo salta y sigue hasta la rotonda del hórreo. Allí el conductor hace chirriar las ruedas y gira 180 grados para volver sobre sus pasos de vuelta para el centro. Un atropellado La noche terminó sin que haya trascendido ningún accidente grave. No suele haberlos tampoco durante los fines de semana, aunque tampoco sería la primera vez. Hace cerca de un mes, un joven de poco más de 20 años resultaba gravemente herido al ser atropellado por el coche que conducía un amigo. Es un riesgo cada vez más elevado, porque escenas como las vistas en diferentes puntos de Monforte durante la madrugada de este lunes son cada vez más frecuentes. Puede pasar casi en cualquier calle del casco urbano. También en los aparcamientos con espacio suficiente para ensayar maniobras peligrosas. En el del parque de los Condes, incluso a primeras horas de la noche; en la explanada que hay al lado del campo de A Pinguela, aunque ahí cada vez menos porque el firme empieza a deteriorarse y los baches destrozan las ruedas en los trompos; o incluso en las viviendas sociales del Malvarón, donde la Policía Local sorprendió a un chico en plena sesión de derrapes con el coche de su padre y se incautó del vehículo después de que el chaval escapara por piernas. Hace unos pocos años, este tipo de escenas eran más difíciles de ver en el casco urbano. Entonces los aficionados a conducir haciendo el cafre recurrían a lugares apartados fuera de la ciudad, como el polígono industrial de O Reboredo o Piñeira. Ahora apenas salen de Monforte. Posiblemente porque los controles de la Guardia Civil de Tráfico se han hecho más sistemáticos y prácticamente cercan durante la noche el casco urbano.