Todo apunta a que los radares fijos no despiertan muchas simpatías porque no es la primera vez que son objeto de daños por parte de desconocidos. Hace unas semanas fue destrozada a pedradas la cabina colocada en las proximidades de Cervo, en la N-642. La Guardia Civil abrió una investigación para tratar de averiguar quién fue el autor, tarea nada fácil porque quien llevó a cabo tal acometida sabía que no estaba operativa la cámara que le hubiese grabado. Esta instalación, según informaron diversas fuentes, todavía no estaba entregada a la DGT por lo que todo apunta a que ha de ser la empresa instaladora la que asuma la reparación como paso previo a la colocación del radar. No sólo los radares son objeto de ataques vandálicos. Las señales aparecen dañadas a menudo. No hace mucho algunas personas se dedicaron a tirar botes de pintura a los indicadores elevados de la N-VI situados en el trayecto comprendido entre la capital lucense y Rábade.