TRIBUNA | O |
13 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.CUANDO NO había libertad, escribíamos en las pizarras, en libretas cuadriculadas y, acaso, en el portal un corazón atravesado por una flecha con el nombre de la amada. Ahora, todas las ciudades españolas dan asco. Tenemos derechos humanos, libertad de prensa, libertad de expresión, y por ahí. Pero hay desaprensivos que ensucian edificios históricos cargándose la pátina de granito de siglos; emborronan impolutas fachadas con mensajes políticos, insultos e injurias; escriben procacidades, pintan mundos de obscenidad, llaman cabrón al presidente de lo que sea, piden ceses de alcaldes o ministros. O declaran a Galicia país independiente sin referéndum. En Lugo también sucede lo mismo. No sólo es afrenta a la imagen y a la estética. Es el gasto para reparar los daños. Es prueba suprema de incultura, barbarie e incivilidad. Es terrorismo urbano. La policía detecta estas conductas y aplica la ley. Pero la ciudadanía debe colaborar denunciando o avisando de estos hechos a las fuerzas de seguridad. Y los jueces poner a estos artistas del espray, la brocha, el rotulador y el grafiti, a limpiar e indemnizar los daños causados. redac.lugo@lavoz.es