La fachada del templo del monasterio de Samos se restaurará a final de año

Laura López SARRIA

LEMOS

FOTOS: ALBERTO LÓPEZ

Los trabajos se centrarán en la limpieza de las piedras y en la eliminación de la maleza La humedad y el agua del subsuelo tienen efectos nefastos en el estado de conservación

06 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

La fachada de la iglesia del monasterio de Samos será restaurada en los próximos meses. Los trabajos se centrarán en la limpieza de las piedras y la eliminación de maleza y hierbas que invaden actualmente el edificio. El proyecto para la restauración de la fachada de esta iglesia ya está realizado. Sin embargo, el Director Xeral de Patrimonio, Felipe Arias, explicó que hace falta actualizar el proyecto, pero que se espera tenerlo listo a finales de este año y comenzar enseguida los trabajos de restauración. Felipe Arias destacó la urgencia de esta restauración, «a fachada é o máis urxente, hai problemas estructurais, hai que limpar a pedra, eliminar as herbas...». El material de construcción de la fachada es el granito, y las cubiertas están hechas con losas de pizarra de la comarca de Sarria. Las condiciones climáticas que rodean esta construcción influyen notablemente en el estado de conservación de la fachada. En primer lugar, hay que destacar la elevada humedad del entorno, el riesgo de helada y la diferencia de temperatura entre el día y la noche. Por otra parte, la contaminación también perjudica la conservación de la fachada. A pesar de que el monasterio de Samos está situado en el medio rural, el tráfico y el transporte pesado que circula por la vía, además de la presencia de una fábrica en las cercanías, genera efectos negativos en el aspecto estético y en la estabilidad del edificio. Estado de conservación El estado de conservación de la fachada de la iglesia presenta bastantes carencias y produce un efecto precario. El primer elemento que salta a la vista es el color negro que desciende por la fachada desde las cornisas y que invade toda la escalinata. Otro de los elementos que se pueden observar a simple vista son los efectos producidos por el agua y la humedad. La fachada de la iglesia está totalmente expuesta a la humedad, procedente del agua de lluvia y del subsuelo. En el informe elaborado por el arquitecto sobre el estado de conservación de esta fachada se explica que «el principal factor de alteración parece ser la falta de elementos de evacuación de aguas pluviales, motivo por el que se produce el encharcamiento de las cornisas y como consecuencia la disolución de morteros de juntas y una fuerte colonización con zonas de escorrentía señaladas». El agua del subsuelo también tiene efectos nefastos en la escalinata. Por último, las capas más superficiales de la piedra se ven afectadas por el agua retenida en los sillares «con la oscilación térmica hielo-deshielo, que provoca la separación de placas (crioclastia)». El incendio de 1951 En 1951 se desató un incendio en el monasterio que, si bien no afectó directamente a la iglesia, el calor pudo haber contribuido a la formación de placas, según se recoge en el informe, «debido al efecto de expansión-contracción de los minerales de la roca (termoclastia)». Sin embargo, hay que matizar que el color rojizo de algunos sillares no tiene por qué responder a la acción del fuego, sino que puede deberse a una colonización biológica. Para conocer exactamente las causas de las alteraciones biológicas sería necesario realizar un estudio detallado para valorar la acción de los líquenes, los ácidos orgánicos, los hongos, algas, bacterias o las plantas superiores que colonizan las cornisas. Además, en algunos sillares se observa un fenómeno natural de oxidación de los minerales del granito.