Reportaje | Festival de Novas Músicas Monforte ha sido durante varios días un muestrario de un género musical considerado minoritario, pero que cuenta con una notable implantación en Galicia
28 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.La semana pasada la productora musical A Tempo organizó en Monforte un seminario de música moderna e improvisación así como la primera edición del Festival de Novas Músicas, que tuvo lugar de forma paralela y que se clausuró el sábado con la actuación de la Orquesta de Jazz de Matosinhos, uno de los grupos más consolidados en Portugal. A pesar de su procedencia americana, el jazz se ha convertido en un lenguaje musical universal perfectamente adaptable a las raíces de las diferentes culturas. Según el coordinador del seminario de música moderna, Miguel Ángel Rodríguez, «a finalidade do festival era traballar o jazz e as novas músicas pero dende unha perspectiva europea que por suposto inclúe importantes formacións galegas». Tras una crisis en los años ochenta, la realidad del jazz en Galicia ha ido mejorando crecientemente gracias a iniciativas privadas que han creado centros de formación como la Escuela Baio Ensemble en Vigo o el seminario permanente de Pontevedra. Además, la proliferación de numerosos festivales, como los de Ourense, Lugo, Santiago o Pontevedra, permite la posibilidad de disfrutar de importantes estrellas del jazz en nuestra comunidad. El desarrollo de este género musical se complementa con una serie de locales especializados que ofrecen una programación jazzística más o menos continuada. Es el caso del Clavicémbalo, en Lugo; el Dado Dadá, en Santiago; Filloa, en A Coruña o El Café Latino, en Ourense. Sin embargo, el jazz continúa siendo un género de minorías por lo que los beneficios personales son, en la mayor parte de los casos, superiores a los económicos. «Vivir del jazz no es fácil, pero tampoco es difícil», así lo asegura Baldo Martínez, uno de los músicos gallegos más consolidados que participó en el Festival Novas Músicas de Monforte. El contrabajista y compositor ferrolano lleva 25 años dedicándose al jazz pero no siempre ha podido vivir de ello. «Conozco a muchos músicos que, para vivir del jazz, tienen que dedicar más de la mitad de su tiempo a la enseñanza. Yo mismo tuve que hacerlo aunque ahora me lo tome como una manera más de aprender», afirma Baldo Martínez. «Para poder dedicarme al jazz completamente fue necesaria mucha constancia y sobre todo, mucha fe», añade el ferrolano.