Botes de lejía en la ribera del Asma

Luis Díaz
Luis Díaz MONFORTE

LEMOS

En directo | La degradación de los cauces fluviales Las correrías veraniegas de los furtivos en busca de truchas saltan a la vista aguas arriba de Chantada. La carga de cisternas en ríos y arroyos también está a la orden del día

07 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Las quejas provienen de cañistas de Chantada, pero el problema es común por estas fechas a muchos cursos fluviales del sur lucense. En el tramo alto del Asma, entre Chantada y la sierra de O Faro, el verano trae consigo un verdadero calvario para las contadas truchas que han logrado sobrevivir a cuatro meses largos de pesca. En el mes festivo por excelencia, abundan los desaprensivos que se aprovechan del escaso caudal de los ríos para darse un homenaje gastronómico por medios nada lícitos. Unas veces a mano, otras con lejía, los furtivos también hacen su agosto estos días. «Las presas que no están rotas tienen las compuertas abiertas, y así es muy fácil aprovecharse del estiaje para coger las truchas a mano», explica un pescador chantadino. La fiebre del furtivismo no sólo se dispara por el escaso caudal de los ríos. Los cañistas veteranos saben que tentar a las truchas en determinados tramos fluviales coincidiendo con las fiestas de la parroquia más cercana es perder el tiempo. En cuanto retumban los primeros cohetes, los botes de lejía salpican las riberas. Los recipientes de plástico de este producto tóxico delatan estos días las incursiones de los furtivos en el tramo del Asma que discurre por encima de la presa de O Solar, entre San Pedro de Viana y Santa Uxía de Asma. El rastro de los envenenamientos, sin embargo, está a la orden del día en otros muchos cauces de la zona sur, pese a las contundentes sanciones que prevé la normativa de la Xunta. «De pouco vale ameazar con multas sen non se vixía. Antes, no verao, facíano os propios pescadores, pero agora teñen prohibido o cebo natural xusto nos sitios onde hai troitas e os furtivos fan o que queren», señala un aficionado de Monforte. No se acaban aquí los atentados ecológicos que padecen los ríos precisamente en la época del año en que son más vulnerables. A pesar de la pertinaz sequía de los últimos meses, sigue siendo frecuente que se carguen cisternas de agua, destinada al riego de huertas y otros usos agrícolas, a costa del exiguo caudal de ríos y arroyos. A pocos días del cierre de la temporada, una inmensa mayoría de los pescadores apunta que la degradación de los cauces trucheros, especialmente palpable en la última década, está tocando fondo. El furtivismo y los vertidos agrícolas e industriales alejan de los ríos cada vez a más aficionados ya en los primeros días de la pesca. A tenor de la imagen que ofrecen riberas y cauces, no todos los que se resisten a abandonar la práctica de su deporte favorito demuestran la sensibilidad medioambiental que cabría suponerles. Las acumulaciones de todo tipo de basura delatan con exactitud en cada ribera los lugares más utilizados por los pescadores para estacionar sus vehículos. Junto a los botes de lejía que dejan tirados los furtivos, flotan los envoltorios de plástico en los que se comercializan lombrices y larvas utilizadas como cebos. En el fondo del río, las cosas no van mucho mejor.