En directo | Una curiosa práctica comercial
13 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?ste usuario del aparcamiento subterráneo de la plaza de la Constitución va justo de tiempo a última hora de la mañana de uno de esos días en los que las horas tienen menos de sesenta minutos. Llega al párking e intenta pagar con un billete de 10 euros, el más grande de los que admiten las máquinas en las que se debe abonar el importe de la estancia del vehículo en el aparcamiento. La máquina rechaza una y otra vez el papel, por lo que el usuario se dirige a la cabina y le pide al operario que le cobre directamente. El trabajador prefiere cambiar el billete del cliente por otro de la caja y que el pago se haga mediante el indicado aparato. El cliente no entiende muy bien el porqué de la preferencia del trabajador, pero atiende sus indicaciones. Introduce el nuevo billete de diez euros en la máquina y...Ahora se ha quedado con el recibo y con el dinero y no da muestra alguna de devolver ni una cosa ni otra. El encargado del aparcamiento, seguramente con amplia experiencia en muchos casos similares, acude rápido en cuanto el usuario empieza a dedicarle al trasto cobrador algunos calificativos de los que no se usan en los poemas cursis. En fin, pese a todo, el asunto parece a punto de solucionarse cuando el amable trabajador accede con diligencia a las entrañas de la máquina odiosa. Pero no hay motivos para la alegría. Ahora, el cabreado consumidor es consciente de que se le ha puesto cara de bobo al escuchar al operario. Viene a decir el encargado del aparcamiento que en ese instante no puede devolver le dinero que se ha tragado el maquinillo, porque hasta que llegue no sé quién no puede abrir no sé qué. Cuando sea posible -dice el trabajador- le avisamos para que pase a recoger su dinero. Eso sí, si quiere sacar su coche, el usuario tiene que pagar la cantidad correspondiente al tiempo que utilizó el aparcamiento. Por la tarde, avisan por teléfono al enojado cliente de que puede pasar a recoger sus diez euros. Ésta es, quizá, una práctica comercial digna de una ciudad con plan de excelencia turística.