LA TRIBUNA | O |
13 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.DURANTE LA II Guerra Mundial, el poder naval en el Mediterráneo se repartía entre Italia, que jugaba en casa y tenía una importante flota, y Gran Bretaña que dominaba los mares desde el siglo XVIII, pero su línea de comunicación Gibraltar-Malta-Alejandría era muy vulnerable. Equilibraba las fuerzas la presencia en el escenario de cinco poderosos acorazados al servicio de su majestad. Un audaz golpe de mano de buceadores italianos hundió en los muelles de Alejandría al Valiant y al Queen Elizabeth; la poca profundidad del puerto mantuvo los buques verticales con las quillas apoyadas en el fondo. El mando inglés reaccionó con rapidez y decisión: pintaron las marcas de la línea de flotación para que no se detectase la pérdida de flotabilidad; las dotaciones actuaron como si hubiesen sufrido averías de menor importancia; y se inició el reflotamiento sin que se notase desde el exterior. Tan bien lo hicieron que los agentes italianos nunca pudieron informar a su mando sobre la operatividad de los buques. Ello mantuvo casi paralizada a la flota italiana. Es un caso claro de decisión, tenacidad y voluntad, virtudes que sirven para muchas cosas de la vida cotidiana. Una de ellas: para reconstruir la Casa Grande de Rosende. Fue días después de la noche desoladora del 25 de noviembre (un gran incendio la destruyó casi por completo) cuando oí decir a sus dueños: «Vamos a reflotar esto, seguimos adelante, es nuestra decisión». Entonces percibí que no era el momento de la queja, del lamento, ni la denuncia, era el momento de luchar contra la adversidad. El resultado está a la vista, una estupenda reconstrucción en 6 meses. Hoy la Casa Grande de nuevo arbola en alto el pabellón de la Ribeira Sacra. Buena suerte y buenas singladuras.