Tiempo de cerezas

JOSÉ RAMÓN ÓNEGA

LEMOS

LA TRIBUNA | O |

21 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

SAN PEDRO de Líncora, precioso topónimo en el país de Chantada, celebró la tercera Mostra da Cereixa Ecolóxica. Es una gran idea, un proyecto excelente. Tengo una singular pasión por las cerezas, como la tuvo Álvaro Cunqueiro que gustaba de contemplar la floración de los cerezos. La blanca flor del cerezo, tan bella, brota en pequeños haces, a manera de umbelas y huele a campo germinado. Hay que felicitar al autor de la idea ecologista. El catálogo de los festejos de productos elaborados está agotado. Faltaba algo más lírico, y nada mejor que celebrar el día del Prunus avium, como los botánicos llaman al cerezo. Su flor es un poema y el fruto, un postre de dioses. Yo creo que los dioses gallegos no bebían ambrosía como los griegos, sino licor de cereza. La Consellería de Medio Ambiente debería crear el Día del Cerezo. Recuerdo yo las primeras cerezas pálidas cogidas en la escarcha de la mañana, subido al cerezo. Ya decía el refrán que «o que á cerdeira non sobe, malas cereixas come». Conmigo andaban mirlos, estorninos, pinzones, oropéndolas y vichelocregos que picoteaban las pulpas carnosas en festín de trinos. Algo tiene que cautiva. Los japoneses celebran la fiesta del cerezo en flor. En la película Memorias de una geisha son una orgía de imágenes sublimes. El cerezo es remedo del paraíso. El califa de Córdoba, para alegrar la melancolía de su favorita, mandó plantar miles de cerezos para que su flor imitase las cumbres nevadas de Granada. Los rabos de cerezas son diuréticos, y el fruto, remedio para la artritis y la obesidad. Así que demando de la Xunta que financie industrias transformadoras, con denominación de origen: mermeladas, aguardientes, licores y cosméticas. Y en medicina, laxantes y diuréticos. Galicia puede cambiar de signo. Pregunten en el extremeño Valle del Jerte.