Por el abrupto camino de O Cachón

C. Rueda | F. Albo MONFORTE

LEMOS

CARLOS RUEDA

Una pista vitícola permite disfrutar de espectaculares paisajes en la ribera de Amandi En otros tiempos hubo lagares en las laderas para facilitar el dificultoso acarreo de las uvas

21 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

La ribera soberina de Amandi, presenta contrastes de elevado interés paisajístico. Suaves laderas por las que se extienden viñedos interminables se contraponen a zonas sumamente abruptas y de pendientes extremas, donde fue necesario acondicionar el terreno para cultivar los viñedos construyendo infinidad de bancales o socalcos. Los vecinos de las aldeas de Moreiras, O Pacio, Laxes y San Tirso poseen viñedos en el lugar de O Cachón, en plena ribera de Amandi, a los que acceden a través de una serpenteante pista de tierra acondicionada recientemente. En otros tiempos había que subir la uva a lomos de mulos hasta el lugar de A Castrela, en la parte alta de la ribera, por un camino muy sinuoso y con peligrosos precipicios. La carga pasaba después a unas grandes arcas que eran transportadas en carros hasta las respectivas bodegas. El trabajo, claro está, resultaba particularmente laborioso en las viñas más próximas al río. Para evitar la penosa labor se construyeron en la zona unos lagares donde se prensaban las uvas. El vino ya elaborado remontaba más tarde las pendientes. Actualmente sólo se conservan las paredes de uno de estos lagares. El punto de comienzo de la ruta que lleva a O Cachón está el pueblo de Amandi, cabecera de la parroquia homónima. Allí hay que tomar primeramente la carretera que lleva al pueblo de As Cortiñas, situado a 400 metros. Una vez en As Cortiñas, es preciso tomar una pista de tierra que aparece a mano derecha y que lleva a las riberas de Amandi y Doade. Al cabo de un kilómetro aparece un cruce, donde hay que desviarse a la derecha. Unos metros más adelante hay otra bifurcación. El ramal de la derecha lleva a los lugares de Viñanova y Os Vales y el de la izquierda para A Carballeira y O Cachón. Éste es el camino que hay que seguir. A partir de aquí, el camino se hace muy sinuoso y cada vez más empinado. La senda discurre entre viñas plantadas en pendientes abruptas donde a veces cuesta mantener la verticalidad. El esfuerzo de la caminata se verá compensada por las excelentes vistas del Cañón del Sil y de la ribera ourensana, salpicada de pequeños pueblos. El espectáculo se complementa con la visión de la desembocadura del río Mao, que entrega sus aguas al Sil en estos parajes. La presencia de aldeas como Barxacova, San Lourenzo y Cristosende contribuye a humanizar el paisaje en la orilla opuesta. Leyenda popular A medida que el camino baja por la ladera, las vistas ganan en espectacularidad. Sólo el continuo rumor de la central eléctrica de Regueiro introduce una nota distorsionante. Poco antes de llegar al final del recorrido, la pista pasa junto a unas peculiares formaciones rocosas conocidas como Penas das Ánimas. Dice la tradición local que entre estas rocas había unas profundas oquedades y que si alguien metía la mano en las grietas llegaba a tocar una cadena de oro. Estas rocas fueron movidas de su emplazamiento original cuando se amplió la pista. La pista de tierra finaliza después de un trayecto de 1,9 kilómetros. Más adelante, un estrecho camino da acceso a los viñedos situados en las zonas de O Barreiro, Cazoga y Val de Alende.