TRIBUNA | O |
01 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.UNA VEZ finalizadas, el pasado día 23, las jornadas que han venido desarrollándose en la capital lucense con motivo de la conmemoración del 75 aniversario de la proclamación de la segunda República española, acto de ciudadanía que causó la admiración de todas las democracias del mundo, llega el turno de ser agradecidos. Es por ello que la asociación Manuel Azaña y el Ateneo Republicano de Galicia, a cuya directiva pertenezco, quieren expresar su agradecimiento a Xoán Xosé Molina, delegado provincial de la Consellería de Cultura, y a Consuelo Meiriño, directora de la Biblioteca Pública Provincial, donde se celebraron estas jornadas, por la colaboración y el apoyo facilitados. Transmitir igual consideración a los medios de comunicación lucenses, y en especial a La Voz de Galicia, por su labor informativa. Y, ¿cómo no?, a todos aquellos ciudadanos y ponentes que con su participación y parlamento, tan ilusionada como desinteresado, han permitido superar las expectativas que nos habíamos marcado, que no eran otras que las de rendir público homenaje a la figura más emblemática que alumbró aquel corto régimen: Manuel Azaña, y a todos aquellos olvidados luchadores que nos han precedido en el ideal republicano, que en este país que es España siempre se ha identificado con el progreso y el orden democrático. En mi modesta opinión, recordar aquel período histórico republicano no ha de ser un simple ejercicio de nostalgia, sino un acto con el que tratar de hacer justicia histórica, aún cuando somos conscientes de que la Historia es más compleja y equívoca de lo que pretenden quienes querrían verla reducida a visiones maniqueas, y que encuentran en algunas columnas un ejemplo insuperable. Considero que la segunda República fue la gran oportunidad que tuvo España para salir del marasmo y atraso secular en que se encontraba en todos los órdenes. Y aquella experiencia, que frustró la intolerancia de muchos, ha de tener hoy un doble valor: como proyecto reformador y como antecedente para la transformación democrática tras la muerte del general Franco. Y aún diría más. Para quienes creemos en la República como forma y como esencia, como procedimiento y como doctrina necesaria para coadyuvar a la tarea de la recuperación de la plenitud democrática que España, a estas alturas, aún tiene pendiente.