Adiós al alquimista rural

Luis Díaz
Luis Díaz MONFORTE

LEMOS

G. SOTELO

Reportaje | Un oficio tradicional condenado a la extinción La normativa que obliga destilar el bagazo en lugares fijos acabó con los aguardenteiros ambulantes de Sober. Hace diez años todavía más de cien «poteiros» salían por Galicia

08 abr 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

La imagen del aguardenteiro de Sober con el pote a cuestas, haciendo la temporada da estila por otras comarcas de Galicia, constituye ya una estampa del pasado. El decreto de 1989 por el que la Xunta estableció la obligatoriedad de destilar los bagazos en instalaciones fijas fue la puntilla para este saber tradicional. «Se os vellos colectivos de artesáns desaparecen, hai outros aos que se lles obriga a desaparecer», señala el etnógrafo e historiador ourensano Xosé Antonio Fidalgo Santamariña. Bajo el título O colectivo de alambiqueiros ambulantes en Sober , dedica un homenaje a este antiguo oficio en el libro O ser viño: o viño e o seu contorno , en el que la Consellería de Medio Ambiente recoge las ponencias de un ciclo sobre viticultura y sostenibilidad celebrado en Sober. Las exigencias fiscales y sanitarias que se desprenden de la normativa de la Xunta fueron el factor determinante para la desaparición de los aguardenteiros ambulantes, colectivo al que en 1995 pertenecían aún cien vecinos de Sober. Pero el relevo generacional ya no estaba claro cuando la Consellería de Agricultura decidió modificar las reglas del juego. El de poteiro era un oficio poco agradecido y muchos profesionales vieron con buenos ojos la posibilidad de trabajar todo el año en un lugar estable. De hacer una «vida normal», en palabras de uno de los destiladores artesanales entrevistados por Fidalgo Santamariña. No obstante, prosigue el autor del estudio, «todos estes profesionais, aos que debo sumar aqueles clientes cos que conversei mentres agardaban a destilación do propio bagazo, eran sabedores de que algo se estaba perdendo». Freno a la emigración Con el augardenteiro ambulante desaparece una forma de cultura a la que Fidalgo Santamariña ya dedicó atención en su libro Os saberes tradicionais dos galegos . Una profesión a caballo entre la ciencia y la magia que, a su juicio, supuso una estrategia para evitar la emigración, un fenómeno que ya asolaba el país en el siglo XVIII. Sober -explica- «monopolizou a destilación ambulante como outras zonas monopolizaron a cantería ou a cestería».