LA TRIBUNA | O |
10 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.MI intención no es defender a Claudio Garrido, al que me une una gran amistad, sino relatar las vivencias de cuatro años de gobierno en Sarria por los cuales yo me siento aludida, porque me considero coherente. Durante los cuatro años de gobierno tripartito, en ninguno de los tres grupos se sintió que trabajáramos para nuestro partido, sino que había una gran ilusión compartida por hacer cosas por Sarria, todos dispuestos a trabajar por esa ilusión. De ahí que todos los concejales siempre nos sintiésemos apoyados por nuestros compañeros ante situaciones críticas y nunca hubo la menor sospecha de un compañero. Todos nos sentíamos corresponsables, pues como he dicho, éramos un grupo. La alcaldía siempre estuvo abierta a todos, en cualquier momento entrábamos y participábamos en cualquier reunión, aunque ésta no fuese de nuestra competencia. Por ejemplo, aunque yo no era delegada de Urbanismo, participé en reuniones de esa área. Todos conocíamos los planes: encauzamiento, PXOM, Outarela, reparcelación de As Insuas... ¡Todos estábamos de acuerdo! ¡Eran de todos! No eran planes de Garrido y así los defendimos y aprobamos en pleno y comisiones. Me sorprende que el anterior edil de Urbanismo, hoy alcalde, se olvide de todo lo que defendió y aprobó. ¿Alguien puede creer que no se acuerda? En política no todo es válido. Hay que ser consecuentes para lo bueno y para lo malo. La forma ilegítima de llegar a la alcaldía explica que no asuma sus actuaciones pasadas y presentes, pero tiene la obligación de asumirlas políticamente. No culpe de sus errores actuales a otros y menos con calumnias. Asuma sus responsabilidades y si no es capaz, ya sabe lo que tiene que hacer. No sirve culpar al anterior alcalde, todos éramos responsables, incluido usted.