¿Es auténtico o una réplica?

La Voz

LEMOS

PRADERO

La ocho Centenares de lucenses, mayoritariamente estudiantes, admiraron el fórmula 1 con el que Fernando Alonso corrió en Mónaco, y que ayer se expuso en la ciudad de Lugo

29 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Fue la pregunta del millón de curiosos que ayer se acercaron a la calle Aguirre, al campus o, por la tarde, al centro comercial As Termas para ver el coche de formula 1 de Fernando Alonso: ¿Es auténtico o una réplica? Claro que era auténtico, uno de los auténticos; concretamente, con el que corrió el gran premio por las empinadas calles de Mónaco y alguno más. Al personal le entran las dudas básicamente por dos motivos, según explica Ruth Dávila, porque, pese a sus 4,70 metros, en la tele parece más grande y porque le ven los tubos de escape cerrados, debido a que le falta el motor, ya que Renault se lo saca para evitar problemas con otro tipo de curiosos. El coche vino a Lugo con motivo de una campaña publicitaria de la Mutua Madrileña, patrocinadora del piloto asturiano, que le está saliendo redonda. Comenzó en Valencia, donde la firma abrió su primera sede fuera de la capital del reino, y ahora está en Galicia. Ya fue expuesto en A Coruña y en Santiago, ciudad en la que el recorrido fue muy similar al de Lugo, pero con más público aquí. En lo que queda de semana visitará las otras dos capitales y Vigo. Además del coche de carreras, que permanece todo el tiempo en un remolque, la caravana incluye un autobús de estilo inglés y varios vehículos más. La atienden 21 personas, más de la mitad son azafatas que reparten camisetas, bolígrafos, gorras y material publicitario de la mutua, que les dura en las manos apenas unos minutos. Todavía hay otra modificación con respecto al equipamiento en las carreras. Las ruedas no son auténticas, porque las otras cuestan más de 3.000 euros cada una y, además, estas son más duras, ya que en alguna ocasión el vehículo circula, como ocurrió en Madrid coincidiendo con la presentación de la campaña publicitaria en la Castellana. Para aplacar los intentos de subirse y meterse en el pequeño habitáculo del piloto, hay dos vigilantes. A los más jóvenes les resulta igualmente irresistible tocarle al volante y son muchos los que ponen la mano en él al tiempo que un amigo les saca una foto con el móvil. «También emplean trucos como agacharse simulando que están metidos, mientras otra persona les hace una foto desde el lado contrario para dar la sensación de que están dentro», dice Ruth. Los más desinhibidos son los estudiantes, pero muchos padres tampoco resisten la tentación de comprobar el tacto del caucho o del volente.