Reforma electoral

J. GARCÍA BERNARDO

LEMOS

PUNTO DE VISTA | O |

08 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

LA SALA de máquinas de programación de grandes cambios estructurales de la Xunta de Galicia, léase el señor Méndez Romeu, ha comenzado a mover fichas de cara a la más que previsible, y necesaria, reforma de la legislación en materia electoral. La simple trascendencia de la noticia ha dado lugar a generar seria preocupación en sectores vinculados al PP, sector boina, ante la más que posible pérdida de poder que ello habría de suponer como consecuencia de la merma de diputados en las provincias del interior al primarse el peso de mayor población en las provincias atlánticas. Si se dejan al margen intereses partidistas y localistas y prevalece un criterio de mínima racionalidad parece evidente que no se sostiene mantener el actual sistema. Un voto en lugo o en Ourense vale mucho más que un voto en A Coruña o Pontevedra. Llama la atención la defensa que ha hecho del actual sistema el presidente de la Diputación de Ourense al dejar constancia de que en Euskadi cada provincia cuenta con veinticinco diputados en el parlamento autonómico cuando tal realidad tiene un origen político encaminado a euskaldanizar el territorio vasco más castellano al igual que lo fue la decisión de instaurar en Vitoria-Gasteiz la capitalidad. El resultado es que un voto alavés vale mucho más que uno guipuzcoano y este mucho más que uno vizcaíno. Quizás en lo que debería de irse pensando, que no se hará, es en un cambio de la circunscripción electoral, suprimiendo la provincia y articulándose la comarcal, así como en pasarse, al menos en las elecciones locales, del sistema de listas cerradas al de abiertas e instaurar la segunda vuelta para la elección directa de alcalde. Estas últimas cuestiones son las que de verdad les duelen a los partidos y a quienes los manejan y de ello se sirven para mantener sus privilegios.