PUNTO DE VISTA | O |
27 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.LOS SARRIANOS somos casi tan chauvinistas como los franceses. Esa es la única explicación de que el ocaso del verano coincida en Sarria con la eclosión cultural que supone tener acceso directo y gratuito a una exposición procedente nada más y nada menos que de las salas del Grand Palais de París. Casi nada. Y todo esto debido a la circunstancia de que Pepiño Díaz Fuentes ha visto la luz del día en estos pagos hace más de medio siglo. El autor tuvo la suerte de conocer de forma muy intensa la villa de París -sí, villa como Sarria- durante un parte de semanas y, en particular, los grandes bulevares y sus magníficos museos- no solo el Louvre sino también Cluny, Los Inválidos (el del Ejército), el Arqueológico, el de Picasso, el de Orsay, el Centro Pompidou, el Carnavalet, el de la Ópera y, como no, tanto el Gran Palais como el Petit Palais (cuyo origen es la Exposición Universal de 1900, mientras que el de la torre Eiffel data de la de 1989 y que acogió durante muchos años el salón del automóvil), y además, con la impagable compañía en muchos de ellos de quien hoy a hecho posible a los sarrianos el admirar una pequeña pero muy significativa muestra de lo que la capital francesa ofrece de ordinario a cualquier amante de las bellas artes. Nadie debería de dejar pasar la ocasión de visitar una muestra cuya contemplación no ha de circunscribirse a dar una rápida ojeada en la asistencia a un acto inaugural exitoso a pesar de la inevitable presencia de algún que otro zascandil de la política a quien el evento era lo que menos atraía.