Reportaje | Carencias de la viticultura en la Ribeira Sacra Los cosecheros aplican tratamientos cada dos semanas hagan falta o no. El margen de eficacia máximo de los productos marca la pauta en ausencia de estaciones de avisos
30 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.No es una receta mágica veraniega para bajar peso. Tampoco una fórmula para aumentar las probabilidades de éxito en los juegos de azar. En pleno apogeo de las nuevas tecnologías, la regla del 15 es el último grito en los viñedos de la Ribeira Sacra. Cada dos semanas, plazo máximo de efectividad que figura en los prospectos de los productos más duraderos, la inmensa mayoría de viticultores se echan sistemáticamente la mochila al hombro para aplicar el tratamiento de turno, sea necesario o no para la salud de las cepas. Las estaciones de aviso, que vienen a ser algo así como el abecedario de una viticultura racional, pertenecen todavía al género de la ciencia ficción en esta denominación de origen. Las publicaciones de los servicios agrarios de la Xunta lo vienen repitiendo desde hace décadas: no se puede establecer un calendario exacto de tratamientos de una cosecha para otra. La aplicación de un producto que un año puede ser vital para prevenir o frenar una determinada plaga, resulta absolutamente inútil al siguiente en la misma fecha. ¿Quién decide entonces el momento idóneo para utilizar un tratamiento fitosanitario? Los trabajos divulgativos de la Xunta explican que ésto sólo es posible a partir de estaciones de aviso que puedan advertir a los viticultores, a través de los medios de comunicación, de cuándo y con qué productos actuar ante la presencia de una determinada enfermedad del viñedo. Pero una cosa es la teoría de las publicaciones y otra la realidad del viñedo. Al menos en la Ribeira Sacra, no existe ninguna estación de avisos en funcionamiento. Aunque Amandi dispone desde hace años de una instalación de estas características, nada se sabe del destino de las mediciones que se realizan en su interior. Si se llevaron a cabo alguna vez, nunca han trascendido al sector. Poco coste Por encima de cualquier regla fija, las enfermedades del viñedo se mueven al ritmo de las temperaturas máximas y los índices de humedad, parámetros mensurables en las estaciones de aviso a partir de un equipamiento no excesivamente sofisticado cuyos registros deben ser vigilados a diario. Pese a no tratarse de una instalación costosa, sus ventajas todavía son ajenas al escenario de la viticultora heroica. No sucede así en otras zonas productoras, incluso dentro de Galicia, donde este tipo de información se puede obtener ya a través de Internet. La Estación Fitopatológica do Areeiro, dependiente de la Diputación de Pontevedra, ofrece en su web un boletín permanente de información fitosanitaria, que se renueva cada semana. A partir de un seguimiento de parcelas experimentales, situadas en O Salnés, Soutomaior, O Rosal y O Condado, alerta sobre la presencia de enfermedades del viñedo y recomienda los tratamientos oportunos. Curiosamente, la Estación de Enoloxía e Viticultura de Galicia, con sede en la localidad ourensana de Leiro, carece aún de este servicio. Para que fuesen efectivas, la Ribeira Sacra necesitaría al menos dos estaciones de aviso, que atendiesen a las peculiaridades de las riberas del Sil y el Miño, de condiciones edafoclimáticas bien diferenciadas. En su ausencia, lo más cómodo es recurrir a tratamientos indiscriminados en función del plazo de efectividad del producto, un sistema que puede blindar las uvas pero que también plantea otro tipo de riesgos. Entre ellos, el fortalecimiento de las propias plagas ante los tratamientos. Pero hay más. La investigadora María Jesús Domínguez alude en un estudio sobre las terrazas de la Ribeira Sacra, editado por la Universidade de Vigo, a la existencia en los suelos de algunos viñedos de fuertes concentraciones de restos de productos fitosanitarios. Por otro lado, los enólogos se han habituado de un tiempo a esta parte a determinados problemas de fermentación que pueden asociarse con el uso abusivo de productos químicos.