Una cata que dejó resaca

Luis Díaz
Luis Díaz MONFORTE

LEMOS

ALBERTO LÓPEZ

Crónica | Polémica en Ribeira Sacra Las pequeñas bodegas están molestas por las nuevas normas del concurso de la Xunta. El presidente del consejo regulador propone modificar el actual sistema de premios

18 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Los premios son polémicos por definición. Pero la última edición de la Cata dos Viños de Galicia, que organiza la Consellería de Política Agroalimentaria en colaboración con los consejos reguladores, ha traído más cola que nunca. Marcas de A Peroxa y Taboada en el podio -una sorpresa que levantó ampollas en otros pagos de mayor pedigrí-, una bodega que se retira del concurso después de recibir el Acio de Ouro, alcaldes metidos a bodegueros que acaparan los premios contra todo pronóstico y en plena campaña electoral, un vino con crianza en barrica de roble consagrado como lo más representativo de la Ribeira Sacra.... Y, por si todo esto fuera poco, unas nuevas reglas del juego que han dejado fuera a los pequeños elaboradores. Aunque los resultados ya son historia, la resaca del concurso aún colea. De algo más de cien bodegas inscritas en el consejo regulador de Ribeira Sacra, participaron en la última Cata dos Viños de Galicia poco más de veinte. ¿La razón? Una norma que establece para los participantes la obligatoriedad de disponer en bodega de al menos un lote de 10.000 litros del vino con el que concursan. No se trata de una decisión caprichosa. Entre los pequeños elaboradores resulta frecuente encontrarse con que la producción de una cosecha no es homogeneizada, por lo que existen diferencias significativas entre distintos depósitos y lotes. En pocas palabras: si no se garantiza una disponibilidad mínima es posible que un vino premiado no se pueda encontrar luego en el mercado, con lo que el premio perdería todo su sentido. En un primer momento, la consellería tenía previsto exigir una partida embotellada de 15.000 litros de cada muestra para poder presentarse a la cata de este año. Pero finalmente decidió abrir la mano, ya que en el caso concreto de Ribeira Sacra esta condición sólo habría permitido la presencia de apenas dos bodegas en el concurso. Aún así, los cambios aplicados por Política Agroalimentaria, después de varios amagos, no han sido bien digeridos por muchas bodegas de esta denominación de origen, donde son mayoría los elaboradores cuya producción total equivale al mínimo disponible que se exige para participar en la Cata dos Viños de Galicia. «Si vendiste antes una parte de la producción, ya estás fuera de concurso», explica uno de los afectados. Entre ellos, hay quien acusa al consejo regulador de consentir e incluso instigar las nuevas reglas del juego en beneficio de las grandes marcas. Los crianzas Las discrepancias sobre el concurso que organiza la consellería no se acaban en las formas. También afectan al fondo de la cuestión. «El planteamiento del concurso es errático y en las condiciones actuales no se beneficia al vino de calidad», sostiene Luis Buitrón, enólogo de alguna de las marcas premiadas en anteriores ediciones que este año se ha tenido que quedar al margen de los premios. «Me parece estupendo que los vinos con paso por madera o con crianza puedan participar en la cata, pero en una categoría específica, como sucedía con los blancos. Un tinto de estas características claro que puede merecer un premio, pero no creo que sea lo más representativo de Galicia o de Ribeira Sacra, como pasó este año», prosigue Buitrón. Desde su punto de vista, habría que dividir los premios por tipos de elaboración (vinos jóvenes, crianzas...). Lo contrario, dice, «es mezclar churras con merinas, y provocar que la participación en el concurso vaya a la baja cuando resulta que aumenta el número de bodegas». Por su parte, el presidente del consejo regulador, al que han llegado quejas de todos los colores, aboga por un cambio de modelo en la Cata dos Viños de Galicia. «Penso que hai un formato obsoleto que non segue o camiño dos grandes concursos. Vexo máis interesante que o sistema actual un reparto de medallas de ouro e prata para os mellores, aínda que en número limitado, como fan nos Zarcillos, para non desvirtualo. Sería menos problemático e máis aproveitable para o sector», opina José Manuel Rodríguez. Por lo que respecta a las exigencias de la organización, considera que hay que buscar el modo de que los premios sean representativos y, al mismo tiempo, que garanticen un equilibrio «que non deixe fóra de xogo aos pequenos». José Manuel Rodríguez dice que el cajón de sastre actual tampoco beneficia la pretendida representatividad de los premios. «Os viños con madeira poden ser moito mellores que os que non a teñen, pero os dous non poden competir nunha mesma categoría. Son cousas diferentes e tampouco debemos esquecer que no caso da Ribeira Sacra, os tintos que pasan por barrica significan só o un por cento da producción», precisa. Desde su punto de vista. hace falta una reflexión en profundidad para que la Cata dos Viños de Galicia sea un concurso «de primeira división». Paradójicamente, bodegas y consejos ya se la toman como si de la final de la champions se tratara.