Reportaje | Aniversario de una restauración monástica La abadía samonense celebra esta semana los 125 años de la refundación de la comunidad benedictina, iniciada el 5 de mayo de 1880
02 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.?l monasterio de Samos celebra esta semana el 125 aniversario de su segunda fundación. El 5 de mayo de 1880 llegaron a la villa los monjes benedictinos Gaspar Villarroel y Plácido Menéndez, los primeros que vivieron en el cenobio desde la exclaustración de 1835. El primero de ellos sería el primer abad de la comunidad restaurada, formada inicialmente por nueve monjes, todos de edad avanzada. En 1893 lo sustituyó un nuevo abad, Pedro Rueda, quien dirigió un grupo rejuvenecido de más de una veintena de monjes. Desde entonces, la vida monacal en Samos ha continuado hasta hoy de forma ininterrumpida. El monasterio, dirigido por el prior José Luis Vélez, está habitado ahora por quince monjes. La reanudación de la vida monástica no fue una tarea fácil. En 1862, el Estado restituyó el edificio al Obispado de Lugo y en 1864 ya se hizo un primer intento -fallido- de refundar la comunidad desaparecida. En 1867, varios miembros del Oratorio de San Felipe Neri se instalaron en el convento e intentaron crear en él una casa de misiones que sólo duró unos meses. Más tarde, el edificio fue ofrecido al célebre misionero pontevedrés Rosendo Salvado, quien buscaba un convento desocupado; su idea consistía en crear una escuela para formar misioneros que serían enviados a la abadía de Nueva Nursia, fundada por Salvado en Australia -que todavía existe hoy-, pero esta posibilidad se descartó pronto. Huertas en los claustros Cuando finalmente los benedictinos se reinstalaron en Samos, el monasterio se encontraba en un estado semirruinoso y no poseía un solo palmo de tierra fuera del edificio. En lo que hoy son los jardines de los claustros fue preciso habilitar unas huertas que se cultivaron hasta mediados del siglo XX. Los terrenos agrícolas que posee hoy la comunidad fueron adquiridos poco a poco, con la ayuda de algunos donantes. No obstante, las dificultades económicas del monasterio -muy agravadas por el incendio que sufrió en 1951 y la posterior reconstrucción- perduraron hasta finales de los años 70. El de Samos fue el primer cenobio benedictino reconstituido en Galicia desde que las comunidades monásticas fueron disueltas por los gobiernos liberales del siglo XIX. Desde entonces, el monasterio creó varias comunidades filiales. En 1886, monjes de Samos repoblaron el monasterio ourensano de San Clodio de Leiro, que pervivió hasta 1990. En 1923 se hizo otro tanto en el convento monfortino de San Vicente do Pino, que desapareció hace pocos años. Otra comunidad religiosa que Samos creó en Asturias se extinguió en 1923. Pero estas inicitivas llegaron mucho más lejos. De Samos dependió también la comunidad chilena de Viña del Mar, en Chile, fundada en 1890 y trasladada después a la localidad de Llilliu, que se se independizó en 1970. Samos aún tiene una casa filial en América: la pequeña comunidad benedictina de Mayagüez, en Puerto Rico.