Estrellas en el claustro de Samos

Francisco Albo
Francisco Albo MONFORTE

LEMOS

ALBERTO LÓPEZ

Reportaje Rostros que recuerdan a los de conocidos actores de cine figuran entre las pinturas hechas hace décadas en los muros del convento

12 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Una de las peculiaridades poco conocidas del monasterio de Samos caracteriza a la parte más reciente de su patrimonio artístico. En los personajes representados en los modernos murales que decoran el claustro grande de la abadía, si se examinan con cierta atención, pueden aparecer caras muy conocidas. El rostro de una monja ofrece un curioso parecido con el de Sofía Loren. Un perfil semejante al de Sara Montiel adorna la figura de un ángel. Otro de los personajes recuerda a Charlton Heston... La sorpresa que pueden causar estas figuras no es tanta si se conoce la historia de las pinturas, que los monjes de Samos acceden a explicar a veces a los visitantes. Estos murales fueron realizados entre finales de los años 50 y comienzos de los 60 por un pintor coruñés, José Luis Rodríguez, que también se dedicó profesionalmente a realizar grandes carteles para salas cinematográficas. Siguiendo el ejemplo de muchos artistas que pintaron santos, héroes y personajes mitológicos incorporándoles los rasgos reales de contemporáneos suyos, el muralista reutilizó en estos trabajos algunos de los rostros que había retratado para anunciar películas populares en aquella época. Pero no son estas estrellas de cine, según parece, los únicos personajes tomados de la realidad que tuvieron el honor de ser inmortalizados en las paredes del claustro. El autor de los murales también incorporó a sus obras las facciones de personas reales de aquella época conocidas por desempeñar cargos públicos o por otros motivos semejantes. Una curiosidad artística que no deja de ser una marca característica de los tiempos en que estas obras fueron realizadas. ?n la realización de las pinturas contemporáneas que adornan los muros del monasterio samonense intervinieron otros dos artistas, además de José Luis Rodríguez. El catalán Juan Parés pintó entre 1956 y 1960 una serie de frescos en un estilo muy diferente, al parecer con influencias cubistas. Una pequeña parte de los murales, por otro lado, fue realizada en 1963 por la pintora monfortina Celia Cortés. Algún tiempo atrás, en 1947, otro artista contemporáneo, el célebre escultor galego Francisco Asorey, ya había llevado a cabo su propia aportación al acervo patrimonial de la abadía: la estatua del padre Feijoo que se alza en el centro del mismo claustro grande. La elaboración de los murales del claustro formó parte de la larga y costosa tarea de reconstrucción acometida en aquella época, tras el incendio que destruyó en gran parte el edificio en 1951. Tras casi dos lustros de intensa labor, el monasterio fue reinaugurado en septiembre de 1960. La restauración fue promovida con gran energía por una de las personalidades más célebres de la historia del monasterio, el carismático prior Mauro Gómez Pereira, quien estuvo al frente de la comunidad benedictina desde 1930 y se mantuvo en el cargo hasta 1972, cinco años antes de su fallecimiento.