Cacerías

LEMOS

LA TRIBUNA | O |

07 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

A RAÍZ del accidente mortal que se produjo recientemente en Láncara, la Xunta ha pedido a los cazadores que sean prudentes con las armas. La invitación es muy oportuna, aunque igualmente engañosa: difunde la idea de que las monterías surgen por generación espontánea y no es así. A la administración, que muy amablemente nos recuerda que las armas de fuego las carga el diablo, le corresponde la autorización de las batidas bajo ciertas condiciones, además del control de su posterior desarrollo. Entre otras cosas, porque el monte no está sólo para que campe por él a sus anchas medio año un sucedáneo de guerrilla conjurada contra los jabalíes. Desgraciadamente, la realidad está en las antípodas de la ley: se celebran batidas en terrenos habilitados para la caza menor, asoman rifles en las cunetas de las carreteras y cerca de las viviendas rurales, y ni la presencia de la niebla disuade a algunas pandillas de la conveniencia de anular una montería. Mientras las autoridades competentes practiquen la política del avestruz, recomendar el uso de chalecos reflectantes o la lectura de un libro de buenas prácticas (sic) del cazador sólo demuestra que aquí hasta la administración está tonechificada . O lo que es peor, se lo hace.