Reportaje | Las repercusiones de los movimientos de población LAS ZONAS MÁS PROBLEMÁTICAS Colegios e institutos de zonas como A Ponte, O Vinteún o Mariñamansa hacen frente a la reducción de matrículas por la progresiva afluencia de población a las zonas
08 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.?os cambios en los hábitos de la población ourensana empiezan a tener repercusiones en el uso de los servicios que existen en la capital ourensana. El colapso del centro de la ciudad, la afluencia de población de las zonas rurales a la capital y el aumento en la calidad de vida de los barrios capitalinos está provocando desde hace años que zonas como O Couto, A Valenzá u O Vinteún concentren a cantidades ingentes de población que, como no, demandan servicios de muy diverso tipo. Desde comercios hasta centros de salud y pasando, ineludiblemente, por los centros educativos. La construcción de colegios e institutos ha ido paralela al crecimiento poblacional, con la existencia de centros educativos en los puntos más diversos de la capital. Sin embargo, la realidad de hoy en día supera, con mucho, a las previsiones que surgieron hace veinte o treinta años y muchos, o la mayoría de los centros educativos de esos barrios están al borde de ocupación. Institutos como A Farixa, A Carballeira o Portovello aglutinan a centenares de estudiantes que viven en las zonas en las que se encuentran estos institutos. Mientras, los del centro, ven cada año como el número de matrículas desciende o, como mucho, se queda estancada. La oferta Buena muestra de ello son los datos sobre las vacantes de secundaria que se ofertan este curso en la capital. De los doce institutos públicos que existen en la actualidad en la provincia de Ourense, los que se encuentran en los barrios periféricos son lo que ofertan el mayo número de plazas. Así, mientras A Farixa tiene 176 vacantes, el politécnico de A Carballeira tiene 209 y el IES Portovello tiene 185, otros centros, con mucha mayor antigüedad, como el Otero Pedrayo, oferta 31 plazas de cara al nuevo curso. Ser un centro con solera y estar en buena situación, ya no es toda una garantía de tener un lleno en las matrículas. La otra cara de la moneda se encuentra también en las zonas rurales. La inexistencia de institutos en municipios con poca población provoca que los jóvenes tengan que trasladarse a cabeceras de comarca o a la capital. Esta última es la que gana, muchas veces, la partida final.