Truchas en paradero desconocido

Luis Díaz
Luis Díaz MONFORTE

LEMOS

ALBERTO LÓPEZ

Crónica | La degradación de un río El Ayuntamiento monfortino incumplió un acuerdo adoptado por unanimidad en el pleno hace dos años para repoblar varios tramos del Cabe con 10.000 alevines

19 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

La temporada de pesca fluvial arrancó ayer en la zona sur lucense con las peores expectativas de los últimos años. Los malos augurios para los cañistas se agravan en el caso de Monforte por un hecho insólito: 10.000 alevines de trucha están en paradero desconocido. Vayamos por partes. El pleno de la corporación aprobó en el 2002 una moción del BNG, cuyo portavoz era entonces el concejal Xan Antón Rodríguez, que exigía la suelta de 10.000 alevines de trucha en diferentes tramos del Cabe. Xan Antón Rodríguez planteaba una repoblación por tramos, a lo largo de tres años, para hacer frente a la presión de los pescadores y los devastadores efectos de los vertidos. A Nazario Pin, en la alcaldía en en aquel momento, le vino a la memoria su etapa al frente de la sociedad de pesca Val de Lemos y no pudo sustraerse a la propuesta. Según su compromiso, el Ayuntamiento adquiriría las crías de trucha a los servicios de Medio Ambiente, o en una piscifactoría autorizada, y efectuaría las sueltas en los tramos indicados en la moción. Dos años después, las aguas del Cabe no han recibido ni la primera pieza. «Daquela houbera unha importante mortandade de troitas e entendimos que o Concello debía tomar medidas en colaboración coa Xunta ou recorrendo á unha empresa privada», explica el redactor de la propuesta, ahora en el consello local del Bloque. Xan Antón Rodríguez, que al margen de la política es un buen aficionado a la pesca, corrobora que la iniciativa fue olvidada y que sus compañeros en el gobierno tampoco se interesaron por ella. Sólo restricciones La reducción del máximo de capturas permitidas a diez truchas por pescador y día, la prohibición de pescar los lunes y el progresivo incremento de la talla mínima de las piezas no son decisiones gratuitas. Muchos tramos libres quedan esquilamos en los primeros días de temporada y ni siquiera los cotos más afamados ofrecen hoy garantías a los cañistas. Sin embargo, para muchos pescadores las restricciones deberían ir acompañadas de otro tipo de políticas. «Esto es como la cuenta del banco, si ingresas tres y sacas diez mal negocio. Y en la pesca todo es restar», explica un veterano aficionado. Desde el punto de vista de Xan Antón Rodríguez, la pesca sigue el camino de la caza menor. «Pasan os anos e non se aplican medidas correctoras. Mentres o futuro dos ríos se deixe só en mans da natureza non hai solución», advierte. En el caso del Cabe, la sociedad Val de Lemos reparte cada día 20 permisos gratuitos para el coto de Monforte entre sus integrantes. Descontando lunes y jueves, jornadas en las que no se permitirá la pesca, la presente temporada tendrá 144 jornadas hábiles, lo que significa al menos 2.880 visitas de aficionados. Una media de sólo dos truchas por caña, da suficiente idea del desgaste que puede experimentar un tramo de río sólo por esta práctica deportiva. Pese a este sombrío panorama, las administraciones no siempre dan ejemplo. Sin ir más lejos, las obras de acondicionamiento del cauce y de las márgenes urbanas del Cabe se llevaron a cabo sin la anunciada retirada cautelar de la pesca. Hoy el río rebosa de peixes , pero la trucha mermó significativamente. Dicen las malas lenguas que por cuenta de las obras de dragado del cauce hubo grandes panzadas en un conocido restaurante monfortino. Es sabido: el pescador de caña pierde más de lo que gana.