Gorras en las manos contra descargas de 3.000 voltios

La Voz

LEMOS

?ntró en Fenosa de peón para la obra de la central de Velle y acabó como coordinador de la producción hidroeléctrica de Galicia. Oriente Gay se jubiló en el mes de enero, y casualmente su retiro coincide con el de la planta del Asma, el lugar en el que de niño nació su interés por esta industria. «Recuerdo cómo me impresionaban de niño los técnicos que venían de Lugo a reparar las averías de la planta. Pensaba: ¡Cuánto sabe esta gente!». Ahí nació su vocación por un mundo que, evidentemente, ya no es el que era. Cuando Oriente Gay llegó a la central de Belesar en 1968, cinco años después de que Franco la inaugurase. Era uno de los 103 trabajadores que esta presa tenía entonces. «Hoy todas las centrales hidroeléctricas del Miño se controlan desde Velle, y en Belesar ya no hay personal que trabaje permanentemente allí», explica Oriente Gay. A pesar de las diferencias tecnológicas y de formación entre ambas épocas, él afirma que entre sus compañeros de hace cuarenta años había «mucha gente muy bien preparada». Venían curtidos de los tiempos heroicos de la fábrica de la luz de Chantada, cuando las máquinas estaban expuestas a cualquier tormenta y había que defenderse a pelo de las descargas eléctricas. «Cuando mi padre o alguno de sus compañeros de la planta del Asma tenían que cambiar un fusible, se sacaban la gorra, la ponían en la mano y agarraban 3.000 voltios».