Ribeira Sacra se sitúa con sus vinos entre las denominaciones de origen más pujantes
11 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Ribeira Sacra es una joven denominación de origen vitivinícola cuya etiqueta ampara la producción de 19 municipios situados a lo largo de las riberas del Sil y el Miño, al sur de la provincia de Lugo y al norte de la de Ourense. Lo evocador de su nombre tiene que ver con la abundancia de monasterios en las escarpadas laderas donde todavía se cultiva el viñedo. Aunque la entrada de la vid en Galicia se remonta a la época de la invasión romana, la difusión de su cultivo está íntimamente relacionada con la expansión del cristianismo. La condición de vía natural de acceso a Galicia que correspondió al Sil históricamente explica que la Ribeira Sacra sea mencionada en las más antiguas referencias que acreditan la presencia del viñedo en el finisterre peninsular. El singular paisaje de esta comarca natural, donde los eremitas precristianos encontraron su particular edén, no se puede disociar del vino que produce. Las más de 1.500 hectáreas de viñedo acogidas al consejo regulador de la denominación de origen se ubican sobre terrenos difíciles de labrar debido a las fuertes pendientes de las laderas. Al igual que sucedió en otras prestigiosas comarcas europeas, y muy en particular en la Borgoña francesa, las órdenes monásticas fueron las primeras en comprender que en un paisaje tan bello como agreste no había alternativa al cultivo de la vid. Allá por los siglos IX y X en la Ribeira Sacra se inició una monumental obra de ingeniería para adecuar a la viticultura las peculiares condiciones de un medio hostil: la construcción de las terrazas. También llamadas muras, socalcos o pataos, las terrazas han configurado un paisaje irrepetible, magnífico ejemplo de relación sostenible entre el hombre y su medio. Mediante está técnica, que permite afianzar las cepas en laderas que alcanzan hasta 35 grados de pendiente, se ha ido moldeando a lo largo de los siglos un verdadero puzle de pequeñas parcelas en las gargantas del Sil y del Miño. A pesar de estas duras condiciones orográficas, que hacen inviable la mecanización, la viticultura heroica de la Ribeira Sacra consiguió sobrevivir. En la década de los 90, un grupo de bodegueros se decidió a dar el salto a la producción con etiqueta de calidad. Aquellos vinos cuyo consumo atribuyó la leyenda a los césares, están hoy en las cartas de los mejores restaurantes españoles y se cuelan en las reseñas de la prensa estadounidense.