Crónica El Parador de Turismo de Monforte pone a prueba la capacidad de la Ribeira Sacra para atraer al turismo de calidad que busca una alternativa a la rutina de la playa
22 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Los primeros curiosos madrugaron ayer para acercarse a la cafetería del Parador de Turismo y experimentar, aunque sólo fuese desde el vestíbulo, la fascinación de ver la historia convertida en lujo. Alrededor del claustro monumental que capta la atención del visitante nada más atravesar la entrada del monasterio, se distribuyen las 50 habitaciones en las que tiene puesta su mirada toda la comarca. Por la calle, el parador es el único tema de conversación. Para unos resulta difícil creer que alguien pueda pagar más de cien euros por dormir en Monforte, a muchos kilómetros de distancia de una playa donde pillar moreno. Otros ven ya una nueva ciudad llena de congresistas haciendo cola en las tiendas. En el fondo, se percibe que está en juego la capacidad de la Ribeira Sacra para hacer valer sus posibilidades de atraer al turismo de calidad que busca en sus vacaciones algo más que un buen bronceado. Después de la polémica sobre la restauración del monasterio de San Vicente y del palacio condal, hay unanimidad sobre el alto nivel de la decoración escogida por el arquitecto Patricio Pemán y la interiorista Isabel López Quesada. El valor arquitectónico de ambos edificios históricos está fuera de toda duda, al igual que la singularidad de su ubicación. Parece claro que el Parador de Turismo puede ser, como dijo Fraga en la inauguración, la gran puerta de entrada de la Ribeira Sacra. Otra cosa es lo que se pueda encuentrar el visitante al atravesar este umbral. Aunque no estuvieron presentes en el acto inaugural, los alcaldes de la comarca tienen mucho que decir sobre el futuro del nuevo establecimiento hotelero. El deterioro de los miradores, la ausencia de señalizaciones, los indicadores de senderos intransitables y los monumentos cerrados al público aún están a la orden del día en toda la Ribeira Sacra, a pesar del paulatino incremento del turismo. El propio conjunto monumental de San Vicente aguarda desde hace tiempo que la Xunta se decida a acometer un plan de restauración integral de la muralla, recuperable en la mayoría de los tramos. Si se cumplen las previsiones, el próximo año funcionará un nuevo parador en San Estevo de Ribas do Sil. Entonces, la Ribeira Sacra deberá demostrar que su potencial turístico es más que un argumento político.