LA TRIBUNA | O |
07 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.AYER POR la mañana se me atragantó el café del desayuno. Al llegar a la página de Sarria en el periódico, el primer golpe de vista cayó en una fotografía en la que alguien quemaba el retrato de una persona y otros personajes aplaudían el gesto y reían. ¡Dios mío! -pensé- ¡se nos coló por error una foto del conflicto de Palestina! Pero no. Desgraciadamente no era Palestina, ni el País Vasco, ni un grupo de árabes o talibanes quemando un retrato de Bush. Se trataba de un hombre en plena plaza del Ayuntamiento de Sarria quemando un retrato de la concejala Sabela Caldas. El PSOE y el BNG dicen que van a seguir presionando al grupo de gobierno. Me parece muy bien. Pero supongo que será políticamente, en los plenos, en las comisiones que puedan estar, en sus manifestaciones a la prensa, encerrándose en el salón de plenos, etc. Porque les aseguro que lo de quemar las fotos no forma parte de esa presión de los grupos políticos de Sarria, ni los insultos graves que se lanzan estos días en la plaza del Ayuntamiento. Ni las advertencias a Caldas de que se marche del pueblo. Eso no se llama presión, ni se utiliza ya en países democráticos. Algunas de esas cosas incluso están recogidas en el Código Penal. Ya digo, estoy seguro de que tales actuaciones no las propuso el PSOE ni el BNG de Sarria. Ningún partido democrático de Europa propone en la actualidad quemar fotos de nadie en la plaza pública. Y tampoco el PSOE ni el BNG de Sarria. ¿Cómo explicar entonces esas manifestaciones propias de países o regiones en conflicto xenófobo o bélico? Se trata de una reacción conocida por los sociólogos y relativamente peligrosa para los pueblos, que consiste en que las masas se dejan llevar y hacen cosas que cada uno de los participantes en solitaro jamás haría porque se avergonzaría de ello.