San Antonio «alcaldable»

Cristina de la Torre MONFORTE

LEMOS

Crónica | La procesión de ayer en Monforte reunió a muchos vecinos, a ninguna autoridad El barrio de San Antonio de Monforte celebró su día grande con la tradicional procesión que acercó al santo a las puertas de un concello tan vacío como expectante ante lo que hoy suceda

13 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

?icen las abuelas que cuando pierdes algo, la mejor manera de encontrarlo es rezándole un responso a San Antonio. Ayer, mientras el santo de Padua se paseaba frente a la puertas del ayuntamiento monfortino, seguro que más de uno le rezó siquiera un poquito para que el concello encontrara el norte, que parece que lo ha perdido. Pero de emociones paganas nos hartaremos hoy, así que centrémonos en la devoción. El barrio y su santo salieron ayer de nuevo a la calle para celebrar que siguen juntos, con tradición y costumbre. La tradición hace que la procesión recorra la calle Abeledos, dé una vuelta al campo de San Antonio y regrese a esa iglesia estilo neo-todo para descansar otro añito. La costumbre, en cambio, es la lleva que a todas las señoras a la peluquería el día anterior, invita a la banda a acompañar a los gaiteiros y lo convierte todo en un encuentro social bastante curioso. Lo que allí sucedió Los acontecimientos fueron los habituales. Un calor justiciero acumulaba a los viandantes bajo los agradecidos corredores de la calle, sin que nada pudieran hacer los modelos de verano para evitar sudoraciones excesivas. La avanzadilla que seguía al santo en su pedestal eran fundamentalmente señoras y señoritas, cubiertas en la retaguardia por caballeros hablando de sus cosas -arreglando el mundo sin hablar de política, todo un arte-. Pero las señoras también charlaban entretenidas. De cuanto tardaron en preparar tal postre, de los invitados, o de que este año se ve menos gente que el anterior. Y menos gente puede que no, pero menos autoridades seguro. De hecho no hubo casi ninguna, sólo algún concejal de los que hoy se retirarán de sus funciones. Ninguno de los que pudieran ser o estar. De hecho, la recepción informal que la comisión de fiestas ofrece cada año a los miembros del gobierno local, estuvo llena de personas sin cargo público, aunque entregadas a la causa común del vermú con aceitunas. Una retirada a tiempo El calor y la intimidad conversadora que ofrecían las terrazas animaron a la mayor parte de los vecinos a no acompañar al santo en su regreso al altar. De hecho, los miembros de la banda, la mayoría ataviados con gafas de sol -seguro que la víspera había sido dura- tocaron con la mitad de ganas. El santo llegó, rodeó el cruceiro de la plaza y dejó una estela de flores a su paso. Hoy, en el salón de plenos hará falta la mitad de fasto pero el doble de fe.