El Concello de Monforte pide a la Confederación Hidrográfica que amplíe el proyecto de reforma de las márgenes urbanas para erradicar la contaminación por aguas fecales
02 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Nazario Pin saludó con entusiasmo, en abril del 2001, el anuncio del proyecto de acondicionamiento del cauce y las márgenes urbanas del Cabe. «Monforte dejará de vivir de espaldas al río», dijo entonces el alcalde. Dos años después, el inicio de las obras pone de manifiesto que vecinos y organismos oficiales, más que ignorar el cauce fluvial, lo han visto durante décadas como un inmenso vertedero para todo tipo de basura. La drástica rebaja del caudal que requiere la ejecución de una parte del proyecto, para la que se procedió a la rotura de la presa próxima al Parque dos Condes, ha dejado a la vista numerosos colectores de aguas residuales en el tramo urbano. Algunas de estas canalizaciones fueron concebidas como aliviaderos de aguas pluviales, con el permiso de la Confederación Hidrográfica del Norte, pero la tonalidad y el olor de los vertidos denota usos menos confesables. Conexiones ilegales «No es la primera vez que hay gente que conecta ilegalmente salidas de aguas fecales a estos aliviaderos de la red de alcantarillado, ya ocurrió en otros casos», explica el alcalde en alusión a la tubería que desemboca en el Parque dos Condes. Debido a la reducción del caudal, en un nivel de más de dos metros, y a las alteraciones en el cauce, este rebosadero vierte ahora en un remanso de escasa profundidad, donde sus efectos contaminantes se perciben desde el paseo existente en la margen del río. El panorama no es mucho más gratificante a la altura del paseo del Malecón, donde se da la circunstancia de que algunas de las tuberías parten de las sedes de organismos oficiales. Una de ellas debe ser limpiada cada año por el propietario de un merendero próximo, antes del inicio de la temporada veraniega, para evitar una desbandada entre sus clientes. El proyecto de acondicionamiento del Cabe, que se financia mediante un convenio entre el Ministerio de Medio Ambiente, tiene un doble objetivo. De un lado, pretende mejorar la estética de la ciudad mediante la construcción de paseos en las márgenes del río. Por otra parte, en su diseño se tuvo en cuenta la necesidad de limpiar el fondo del cauce para aumentar las condiciones de seguridad en caso de crecida. Cuestión de salubridad Ahora el alcalde sugiere que las obras también deberían atender al factor de «salubridad», algo en lo que no repararon los técnicos inicialmente. «Se está negociando con la Confederación la posibilidad de construir una nueva red de alcantarillado al nivel que haga falta, y si éste no fuese suficiente se recurriría al bombeo, como ya se hace en las monjas o en el asilo», detalla. El problema económico que plantea la ampliación del proyecto contratado a la empresa Comsa es, para el alcalde, «lo de menos». Según su criterio, con el porcentaje del 5% del presupuesto, aproximadamente, que se destina a imprevistos sería suficiente para acabar con el problema de los vertidos directos al río. No en vano, el redactor incide en el proyecto en la necesidad de «mejorar las condiciones medioambientales del río». Aunque se olvidase del detalle de los colectores.