?a asociación Síndrome de Down organizó en los últimos días sus primeros talleres Abrindo camiños con el tema del desarrollo afectivo y sexual en personas con retraso mental y deformaciones físicas. El profesor José Luis García impartió charlas a padres y profesionales, con la recomendación de que consensúen los programas y esfuerzo a realizar para mejorar su integración. -Los progenitores le tienen un miedo pavoroso y les vigilan en exceso su tiempo libre. Deberían controlar ese temor ya que sus hijos tienen unas necesidades afectivas iguales a otros seres humanos. Ellos se sienten queridos y valiosos, tienen amigos y amigas, y en esa interacción pueden sentir atracción y emociones lógicas. Hasta ahora se les ha negado el privilegio de estas necesidades, condenándolos a la soledad afectiva. Históricamente, estas personas han sido maltratadas, y eso se tiene que acabar. -¿Reconocen los padres esas necesidades? -Vivimos en una sociedad permisiva, donde el sexo está presente en múltiples de manifestaciones, tanto en televisión como en anuncios y otros medios. Se les trasmite ese estímulo y luego no se les satisface. El cuerpo de una persona con síndrome de down evoluciona y surge el deseo, las ganas y la atracción, y nosotros les decimos «tú te aguantas». Eso no es normal. Si apostamos por la integración hay que plantearse que tengan relaciones sexuales. -¿Qué respuestas sexuales se ofrecen a esas personas? -Los padres deben ser tolerantes a que sus hijos se masturben, enseñarles a que lo hagan bien y en privado, ya que lo van a hacer igual. Si se enamoran, deben decidir si siguen adelante y apoyarlos cuando se den condiciones como tener un nivel de autonomía, habilidades sociales, un trabajo y el apoyo de la familia. Es honesto darles esa oportunidad, como ocurre en Dinamarca, Suecia y Canadá. En Lugo hay sólo una pareja con posibilidades, pero soy optimista y en 30 años habrá más gracias programas de capacitación y formación. -¿Cómo responden los profesionales? -La situación es parecida, pero sus miedos son motivados por pensar que los padres se molesten. No hay una actuación común ni criterio uniforme. Sin embargo, parece que estamos en el buen camino, en un proceso irreversible que les va a otorgar más derechos y recursos dentro de una sociedad más humana y solidaria.