La ciudad contra una silla de ruedas

Luis Díaz
Luis Díaz MONFORTE

LEMOS

ALBERTO LÓPEZ

La delegación de la Agencia Tributariay la casa de cultura son algunos espacios públicos que no se adaptaron todavía alas necesidades de los minusválidos

19 feb 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Hacienda somos todos. Más bien, casi todos. Al menos en Monforte, el eslogan de la famosa campaña publicitaria del Gobierno no sirve para los que deben valerse de una silla de ruedas. A la entrada de la delegación de la Agencia Estatal de la Administración Tributaria , un siniestro edificio de hormigón situado en la calle Veiguiña, sólo cinco escalones constituyen un obstáculo casi insalvable. Una barrera más de las muchas con las que tropieza a diario el colectivo de minusválidos. Iván ejerce de guía en un recorrido por esa otra ciudad llena de estorbos y espacios vedados. Tiene 27 años, una licenciatura universitaria y estudios de perfeccionamiento en varios países europeos. Su actitud ante la minusvalía que le obliga a utilizar una silla de ruedas desde niño es la antítesis del derrotismo.«No me gusta esa imagen choromiqueira del minusválido frente a una enorme escalera que tanto sale en las fotos de los periódicos», dice Iván. Al momento, recuerda que el uso de una silla de ruedas no impidió a Eduardo Fungairiño ser fiscal jefe de la Audiencia Nacional.Pero estamos frente a la delegación de la Agencia Tributaria y tenemos delante una de esas escaleras de las fotos de los periódicos, no demasiado larga, pero suficientemente pronunciada para hacer inviable una rampa de acceso. Son cinco pasos cortos, empinados, que desembocan en el descansillo de la puerta de entrada, donde a duras penas hay espacio para maniobrar con una silla de ruedas.El edificio fue construido antes de la entrada en vigor de la Lei de Accesibilidade e Supresión de Barreiras, y nadie se ha preocupado de adaptarlo a la nueva normativa. «Asumo que los minusválidos somos una minoría, y esto es algo que no hay que perder de vista, pero hablamos de soluciones que tienen un coste insignificante en el conjunto de un proyecto», opina nuestro guía. Más casos censurables Las barreras arquitectónicas para los discapacitados no se acaban en la Agencia Tributaria. El uso de servicios tan elementales como la biblioteca municipal está condicionado por la ausencia de ascensores que faciliten el acceso a los minusválidos. La mayoría de los centros de enseñanza, públicos o concertados, tampoco están adaptados al uso de sillas de ruedas. Algunas soluciones aplicadas en edificios institucionales implican un trato discriminatorio para los discapacitados. Es el caso del multiusos , donde el acceso para las personas con minusvalías se realiza por una puerta trasera.«Para ti esto sólo es un reportaje, para mí el pan de cada día», se despide Iván.