Una jauría difícil de atrapar

Carlos Cortés
Carlos Cortés CHANTADA

LEMOS

RODRIGO

El Concello de Chantada persigue desde hace varios meses a una jauría de perros asilvestrados que periódicamente causa destrozos en granjas y corrales. Una y otra vez, atacan a conejos y ovejas y se esfuman. Estos animales lo tienen hoy más fácil, porque la empresa que cubría en Chantada el servicio de lacería ha renunciado a seguir haciéndolo. Mientras negocian con otras firmas especializadas, los responsables municipales tratan de buscar soluciones.

11 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Limpergal se hizo cargo de la recogida de perros abandonados hace algo más de un año, como un servicio complementario al de desratización, que es a lo que realmente se dedica esta empresa. Ahora han renunciado porque en la perrera de A Coruña no les aceptan más perros. Y en la de Lugo nunca se los aceptaron. Mientras no aparezca un sustituto para Limpergal, en Chantada no hay servicio de lacería. Simplemente. El alcalde, Manuel Lorenzo Varela, asegura que están en contacto con algunos veterinarios y que, llegado el caso, la Policía Local y la Guardia Civil podrían hacerse cargo de la captura de estos animales. Pero lo cierto es que ninguno de estos dos cuerpos de seguridad se ocupan de este tipo de tareas, a no ser, claro, que se trate de abatir en un momento determinado a algún animal que suponga una amenaza directa y evidente para alguna persona. De cacería Al menos hasta ahora, el papel de la Policía Local era tratar de localizar a este grupo de perros, para después avisar a los laceros. Pero ante la reiteración de ataques y la falta de resultados, hubo quien pensó en métodos más expeditivos. De hecho, en el Concello se llegó a plantear muy seriamente la posibilidad de encargar, a través de la Consellería de Medio Ambiente, una batida de caza contra este grupo de perros, igual que se organizan contra jabalíes cuando se producen destrozos en algún sembrado. El alcalde confirmó ayer que eso ya está descartado. ¿Por qué? Pues porque hay dificultades evidentes para que la consellería autorice una batida que puede acabar en escabechina. «O xabaril móvese por unha zona determinada, pero estes cans non están sempre no mesmo sitio, e, ademáis, sempre se correría o risco de matar o can que non era», argumenta Manuel Lorenzo Varela. Olvidada la opción de las escopetas, en Chantada se buscan urgentemente laceros. La sociedad protectora de animales y plantas de Lugo, que es la entidad que gestiona la única perrera existente en esta provincia, enviará próximamente un presupuesto al Concello en el que explicará por cuánto dinero está dispuesta a hacerse cargo de este servicio en Chantada. Mientras tanto, queda cruzar los dedos para que no se produzcan más ataques.