JESÚS GARCÍA BERNARDO PUNTO DE VISTA
06 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.La villa de Sarria es en su estructura urbana, un fiel reflejo de las nefastas consecuencias de una falta de planificación a mediados del pasado siglo. Y así partiéndose de una inicial y fenomenal posibilidad de desarrollo urbano -piénsese que las actuales calles Matías López, Calvo Sotelo y Diego Pazos que fueron trazadas hace más de cien años- se ha llegado a un lamentable estado actual fruto no sólo de la incompetencia sino, y sobre todo, de la especulación. La actual consecuencia de todo ello, amén de cuestiones estéticas es el problema del tráfico. Como las principales vías tienen una anchura consolidada no hay solución más factible que el diseño de un plan racional. Y el racionalismo pasa por la conversión de casi todas las calles en unidireccionales. Es la única forma para permitir el aparcamiento en ambos lados. Y es aquí donde se choca con el interés político y electoralista. El equipo de gobierno no se atreve a poner en marcha la ejecución del plan tantas veces anunciado, el PP pone todas las trabas posibles con tal de perjudicar la imagen de los gobernantes y el problema sigue sin solucionarse y agravándose. El titular de la alcaldía pecó de asamblearismo, buscando de buena fe un consenso que se ha evidenciado como imposible. Los unos y los otros se han olvidado de un principio esencial y que no es otro que el de autoridad. Pura y sencillamente porque no puede hacerse lo que a uno le dé la gana, no puede ser que en horas puntas estén tantos coches mal aparcados como bien, que saltarse los semáforos sea habitual y que las zonas de carga y descarga se ocupen arbitrariamente generándose un caos cuya solución, con las limitaciones de espacio físico existente, está en el ejercicio de la voluntad política.