El Ayuntamiento renuncia a asumir la demolición y aboca al dueño a presentar otra demanda judicial El caso del polémico edificio en mal estado de la praza do Mercado todavía tiene recorrido legal. La reciente sentencia del Tribunal Supremo convierte en inamovible la declaración de ruina que su propietario perseguía y que sus inquilinos rechazaban porque podría obligarles a abandonar el comercio que regentan en la planta baja. Aún así, todo parece indicar que los juzgados aún no han dicho la última palabra. Ayer mismo, el alcalde anunciaba que el Ayuntamiento no se hará cargo de la demolición.
06 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.La reconstrucción del polémico edificio en mal estado de la praza do Mercado no es inminente. El dueño del edificio quiere que el Ayuntamiento asuma el derribo del inmueble una vez que el Supremo ha ratificado la declaración de ruina y que los técnicos municipales admiten que hay riesgo serio de que caigan sobre la calle trozos de la fachada y el tejado. Así, el dueño se aseguraría no tener que lidiar directamente con los arrendatarios del bajo del inmueble. Pero los responsables municipales no parecen estar por la labor. El alcalde, Manuel Lorenzo Varela, mostró su alegría por la sentencia, de la que dijo que aleja cualquier «responsabilidad subsidiaria» que el Ayuntamiento pudiese tener sobre la situación de este edificio. Lo que sostiene el alcalde es que en estas circunstancias toda la responsabilidad recae sobre el dueño de la casa. «O que quere o Concello é que o propietario faga dunha vez o que teñen que facer», asegura el alcalde. Si el Ayuntamiento no acepta sacarle las castañas del fuego, el constructor que compró esta casa hace seis años tendrá que procurarse él mismo la cobertura legal necesaria para desalojar el edificio e iniciar así su reconstrucción. Por eso, sus representantes legales tienen previsto presentar en el juzgado local una demanda de desalojo que se basa en que la declaración de ruina es ya firme tras la última sentencia emitida por el Tribunal Supremo. Mientras tanto, el comercio permanece cerrado y la fachada está rodeada de vallas en prevención de posibles accidentes.