Los niños saharauis que veranean en Chantada relatan una vida imaginaria a veces diferente de la verdadera Se aproxima el ecuador del retiro chantadino para Mettu, Sidi y Ali, y su relación con las familias que les acogen se hace más estrecha. Los anfitriones indagan en la vida diaria de los niños en Tinduf y se encuentran con muchas respuestas insospechadas. Entre las dificultades con el lenguaje y la desbordante imaginación propia de su edad, los niños saharauis acaban construyendo un mundo que luego acaba por revelarse irreal. De todas formas, las familias coinciden al destacar que la experiencia resulta enormemente enriquecedora para ambas partes: el intercambio cultural no deja de deparar sorpresas.
27 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Marcos le preguntó un día del pasado verano a Mettu que si su familia saharaui tenía camellos. Sin dudarlo un instante, ella contestó que sí. Meses después, Marcos pudo comprobar en Tinduf que la familia de Mettu tenía muchas cosas, pero de camellos, nada de nada. De todas formas, se quedó con la duda de si ella le habría entendido mal, si habría pensado que se refería a su pueblo o a su país... La relación entre los niños saharauis y las familias que les acogen se ve envuelta en ocasiones como éstas en una cierta confusión. La imaginación de los niños genera a veces un mundo irreal en torno a sus vidas, a caballo entre lo que son y lo que quisieran ser. Y así, hablan en ocasiones de un coche de su familia que nunca existió, o de un padre que les espera en casa cuando en realidad fue una más de las incontables víctimas de la guerra... Contra lo que cabría pensar, esta tendencia no es exclusiva de unos niños que crecieron en un entorno tan difícil como es el Sahara de los últimos 25 años. «Hay una etapa en el desarrollo de los niños _explica la psicóloga Betty Dukart_ que incluye este tipo de cosas, como la invención de amigos invisibles...». Al fin y al cabo, Mettu, Sidi y Ali son niños. Y en Chantada tienen muchos amigos de carne y hueso.