Un sueño de libertad en Chantada

Pablo Carballo
PABLO CARBALLO CHANTADA

LEMOS

Tres jóvenes saharauis, dos niños y una niña, llegaron a la villa para pasar los meses de verano Un año más _y van seis_, Chantada cuenta con un pequeño grupo de veraneantes muy especiales. Ali Mohamed Moulud, Sidi Hoiba y Mettu Mohamed llegaron el domingo a Galicia dispuestos a disfrutar de dos meses de vacaciones lejos de los duros campamentos de refugiados saharauis de Tinduf, en los que malviven el resto del año junto con miles de compatriotas exiliados. Tienen sobre diez años (resulta difícil precisar; los propios niños parecen inseguros de su edad) y para dos de ellos es la primera oportunidad de entrar en contacto con una cultura muy diferente a la suya, la del Sahara.

10 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Suena el teléfono en una casa de Chantada. Ana Belén López lo coge mientras Sidi la observa con ojos ilusionados, ingenuamente expectantes. «¿Es para mí?», pregunta. Ella sonríe y le responde que no, que esta vez no es su primo el que está al otro lado de la línea. El pariente de Sidi vive en Galicia, y cada vez que alguien telefonea él piensa que podrá escucharle de nuevo. Sólo lleva un par de días en su paraíso vacacional de Chantada, pero el entendimiento con la familia con la que pasará los meses de julio y agosto crece a velocidad insospechada. Incluso ha comenzado a aprender algunas palabras sueltas. «Es muy listo este niño, le dices algo y lo pilla al vuelo», confiesa Ana Belén con cierta sorpresa. La adaptación de los tres recién llegados a un medio completamente nuevo parece resultar sencilla, al menos por el momento. Los niños llegaron tremendamente cansados y un poco confusos, y se puede imaginar que el primer día no fue fácil para ninguno de ellos. Sin embargo, las familias que les acogen coinciden en que lo van sobrellevando. Tal vez las complicadas condiciones en las que están acostumbrados a vivir desde el día en que nacieron les han dotado de un carácter valiente, precozmente duro. Es sabido que las guerras arrebatan la infancia de las personas y, aunque en el Sahara no hay guerra como tal, ellos son las primeras víctimas de un conflicto territorial que, después de un cuarto de siglo, los políticos no han sabido solucionar. Al igual que Sidi, Ali no sólo conocerá la villa del Asma sino también los alrededores y alguna zona de la costa gallega. Por su parte, Mettu, la única niña de esta pequeña expedición saharaui repite este año veraneo en Chantada y se le nota familiarizada con ciertos aspectos de la vida en Galicia. De todos modos, este verano también será para ella, por supuesto, un breve sueño de dos meses.