Cristina Giner, instructora de yoga: «Mucha gente tiene la columna vertebral como un palo»
VIDA SALUDABLE
Anima a incorporar lo aprendido en clase al día a día y defiende que no se trata de nada «místico», sino que es «para todos»
25 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Cristina Giner (Cáceres, 1978) es periodista de profesión, aunque dedica parte de su tiempo libre al yoga. Tanto, que se ha formado en la materia. Cuenta que se percató de que tenía que escribir un libro al respecto cuando, por la calle, se iba fijando en la forma de moverse y actuar de las personas, y en todo lo que esta disciplina podría ayudarles. Precisamente, Tú también eres yogui (Larousse, 2026) explica cómo llevar las dos horas de clases semanales de yoga al día a día, con las ilustraciones de Blanca Nieto.
—Habla de «yoguis urbanos». ¿Por qué?
—Cuando escribí el libro, pensé, sobre todo, en las personas de las ciudades porque, al final, somos los que más vamos corriendo a todas partes. Que no llegamos a un sitio, vamos cargando con todo a todas partes, que si cogemos el coche, el metro. En realidad, es una forma de hacer una gracia, aunque en realidad, el yoga no tiene nada que ver con el sitio en el que vivas. La intención de decir eso es captar la atención de la gente que tiene la excusa de que no puede hacerlo porque no tiene tiempo. He visto muchas veces cómo la gente llega a clase de yoga más estresada porque venía corriendo con la esterilla. Mi intención con el libro es extender la clase de yoga a la vida acelerada que tenemos. Es como tener pequeñas prácticas, aunque no sustituyan a la sesión en general.
—¿Cómo se debe entender el yoga: entrenamiento, estilo de vida o disciplina?
—Es complejo. Hablándolo con mi profesora de yoga, ella me decía que es una práctica trascendental. Al final, hay partes del yoga que son trascendentales, pero yo lo quiero ver como una herramienta para la salud, para nuestro bienestar. Pero es algo amplísimo, una filosofía que puede abarcar toda la vida. Es más, tiene los yamas, que son cinco prácticas que nos ayudan a vivir en sociedad, como es, por ejemplo, la no violencia, no robar, la gratitud o el contento. Luego están las posturas o las respiraciones. Como siempre digo, todos comemos, respiramos y todos tenemos que hacer ejercicio. Pues el yoga tiene propuestas para hacer todo eso.
—Es más, en el libro explica que no solo tiene que ver con lo físico, sino también con el sosiego mental.
—Claro. La definición de yoga es el cese de las fluctuaciones mentales como fin último. Pero llegar hasta ahí es muy difícil. El yoga propone empezar flexibilizando y conquistando tu cuerpo, entendiéndolo a través de la respiración y de los sentidos hasta llegar a la meditación. La filosofía del yoga parecía un poco esotérica, pero al final, ahora la neurociencia avala todo lo que los yoguis decían empíricamente. Por ejemplo, que la respiración influye en tu flujo mental; o que la alimentación y nutrición influyen en las emociones, en el cuerpo. O lo típico que ahora se dice de escuchar a tu cuerpo. Esto no es más que el sentido de la propriocepción, de dónde está tu cuerpo, qué pasa dentro. No son conceptos muy místicos tampoco.
—Mucha gente, cuando piensa en yoga, piensa en gente flexible. ¿Esto es un error?
—No necesariamente. El yoga está para ir poco a poco moldeando el cuerpo hacia esa flexibilidad. Es para todos, y todas las posturas se pueden adaptar al cuerpo y condición de una persona. La gente viene, muchas veces, con lesiones.
—¿Cree que el yoga impone de primeras?
—Es cierto que la gente que tengo a mi alrededor lo conoce y lo practica. Sin embargo, con el libro trato de decir al lector que deje de guiarse por la postura bonita que le enseña el algoritmo, porque eso no es yoga en su conjunto, solo es el final. Es decir, tú consigues esa postura final cuando tienes el rango de movimiento ampliado. El problema es que en esta sociedad lo queremos todo ya, pero el yoga es un camino de aprendizaje muy largo, de toda la vida, es un camino de escuchar, de aprender, de respirar, de ir abriendo el cuerpo a través de la respiración y no a través de forzar. En realidad, en lo que tenemos que fijarnos, porque es lo más interesante, es todo el camino que hay hasta llegar a esa postura final.
—En el libro propone cómo introducir distintas asanas —posturas— en el día a día. ¿Cómo recomienda empezar la mañana?
—Sobre todo, teniendo un poco de tiempo. Mismamente desde la cama, ver cómo has descansado. Si has dormido bien o mal. A veces, suena el despertador, lo apagamos, «pum», nos levantamos, «pum», nos tomamos el café, «pum», y salimos de casa corriendo. Por eso, propongo hacer un poco de introspección. Luego, te puedes estirar en la cama, especialmente, la columna, también hacer una pequeña torsión y ya cuando te levantes, que es una apertura de corazón llevando los brazos hacia arriba. En hacer todo eso no tardas más de siete minutos.
—Recomienda aprovechar el metro, el ascensor, la silla de la oficina o incluso el momento de secarse el pelo.
—Claro. Vamos a ver. El libro se me ocurrió observando a la gente en la calle. También un día que vi a una amiga coger a su bebé con una postura terrible. Pensé que podría estar bien darle consejos a la gente de posturas que pudiesen ir haciendo en su día a día. Por eso pensé en este formato de qué hacer por la mañana, yendo al trabajo o en la oficina. Sabemos que el sedentarismo es el enemigo número uno de la salud, por eso sugiero romperlo con pequeñas posturas. También quería que fuese divertido para que la gente se acuerde y piense que, si se pasa ocho horas en la oficina, puede volver a casa caminando. Y ojo, que no es caminando de cualquier manera pensando en todo lo que nos queda por hacer —la lista de la compra, los niños, el correo—, sino centrándonos en cómo caminamos, cómo es nuestra pisada. Y también hay cosas sencillas que puedes hacer en casa, por ejemplo, ponernos en cuclillas cuando nos tengamos que agachar; o tomarte media hora antes de dormir, con tranquilidad, para hacer alguna postura o, simplemente, agradecer el día.
—Explica que el yoga tiene distintas respiraciones. ¿Respiramos mal?
—Muchas veces no utilizamos toda la capacidad pulmonar. Respiramos en las clavículas, que digamos, es una respiración muy superficial, porque hacerlo de manera más profunda requiere centrarte en ello. Si la gente empieza a entender que la forma de respirar tiene un impacto sobre las emociones y que las emociones a la vez también tienen un impacto sobre tu respiración; que son vasos comunicantes que pueden moldearse, ya sería mucho. Es decir, si yo estoy muy nerviosa, puedo sentarme un momento y empezar a hacer respiraciones más largas, aunque solo sean un poco más largas, ya aporta mucho. Mi intención es que la gente se dé cuenta de que viven en piloto automático y de que tienen que salir de él.
—¿Qué beneficios tiene la torsión o la flexión como patrón de movimiento?
—La columna vertebral es el centro energético del cuerpo. Mucha gente la tiene como un palo, agarrotada, porque si no la utilizas, pierde su fuerza y elasticidad. El objetivo debe ser recuperar los movimientos. Con una flexión hacia adelante, por ejemplo.
—Si alguien quiere empezar con el yoga, ¿por dónde debe hacerlo? ¿Por dónde empiezo?
—Hay muchísimos estilos de yoga, creo que para empezar, el Hatha yoga puede ser el mejor. Si yo tuviese que recomendar algo, sería apuntarse a una buena clase de yoga si la persona se lo puede permitir, porque al final los profesores te guían. También, en el día, hacer las propuestas de las que hablo en el libro.