Kate Manne, activista antigordófoba: «Una persona con sobrepeso tiene que soportar que le digan en internet que se va a morir mañana»

VIDA SALUDABLE

Kate Manne, autora de «Irreductibles. Cómo hacer frente a la gordofobia».
Kate Manne, autora de «Irreductibles. Cómo hacer frente a la gordofobia». Rachel Philipson

Tras haber padecido sobrepeso la mayor parte de su vida, la filósofa confronta con la ciencia en la mano alguno de los mitos y sesgos más frecuentes que sufren las personas obesas

21 feb 2026 . Actualizado a las 17:38 h.

Kate Manne (Cottles Bridge, Australia, 1983) ha sido durante prácticamente toda su vida una persona gorda. Su talla condicionó todo. Por supuesto sus relaciones sociales o su autoestima, pero también su pensamiento. Doctora en filosofía por el MIT (Massachusetts, Estados Unidos) y especializada en filosofía moral, social y feminista, viene de publicar Irreductibles (Capitán Swing, 2026), un ensayo en el que aborda —estudios científicos mediante— las distinciones en los cuidados de salud que sufren las personas solo por el tamaño de su cuerpo. Especialmente, las mujeres. Una discriminación que, argumenta, no se basa en criterios científicos, sino en creencias sociales. 

—Muy al inicio de su relato, expone que sentía que era «demasiado gorda» para ser feminista en público. ¿Por qué?

—Entiendo que es chocante, porque ser feminista implica oponerse a las normas perniciosas y coercitivas de los cánones estéticos. Está claro que es irónico que me sintiese así, pero creo que mi miedo tenía sentido. Ahora, mi cuerpo ha cambiado, pero cuando eres una mujer y estás gorda, es muy habitual que te descarten como figura de autoridad. Lo único que ve la gente es tu cuerpo, te acusan de ser moralmente perezosa y, de alguna manera, se asume que ni siquiera merece la pena escucharte. 

—Es muy dura en sus críticas hacia el Índice de Masa Corporal (IMC), que ha sido el estándar para medir el sobrepeso y su influencia en la salud durante muchísimos años. Fue desarrollado por el belga Adolphe Quetelet y actualizado en la década de los ochenta por Ancel Keys, de quien se conservan declaraciones muy duras hacia las personas con sobrepeso. Las llamó «feas», «desagradables», «repugnantes éticamente» y las acuso de, esto es llamativo, «desgastar el mobiliario». 

—Se ve que, según su opinión, eran los cuerpos los que debían adaptarse a los muebles y no al revés. Desde luego es muy extraño, y en cierto sentido oscuramente divertido, que alguien que justificó a través de métricas ser tan abiertamente gordófobo haya acabado siendo considerado una figura de autoridad sobre los cuerpos. La gente se suele sorprender al saber que el IMC no solo fue diseñado y promulgado por un racista —se refiere a Adolphe Quetelet, considerado un referente para algunos eugenesistas clásicos de la historia— y más tarde por un gordófobo, sino que nunca se ha basado en datos reales sobre qué cuerpos tienden a ser más saludables en las distintas sociedades. Vemos a personas que el IMC incluye en la categoría de sobrepeso con una mortalidad y morbilidad más baja. Porque parece que, especialmente a medida que las personas envejecen, disponer de reservas de grasa en el cuerpo ejerce de factor protector. Sin embargo, no ha sido revisado el IMC para reflejar estas realidades. Este grupo sigue recibiendo el mensaje de que necesitan perder peso basándose en unos criterios increíblemente arbitrarios que tienen más que ver con las normas de belleza y el supremacismo del normopeso que con datos convincentes sobre la salud, que, en cualquier caso, solo son promedios estadísticos.

—¿Cree que pensaría así de no haber sido una persona con sobrepeso durante una gran parte de su vida?

—En este momento, mi cuerpo es convencional dentro de mi grupo de edad. Mi tamaño entra en el estándar de una mujer de mediana edad que ha sido madre. Esa es hoy mi realidad por razones, en realidad, bastante aleatorias. Sin embargo observo que ahora la gente reacciona ante mí de una manera diferente. Por tanto, creo que tengo cierta perspectiva hacia el rechazo. Haber sido una persona gorda me ha permitido tener punto de observación epistemológica útil para poder constatar cómo, exclusivamente por la imagen, se te considerada una voz que no merece ser escuchada. Algunas de las personas más brillantes con las que me he topado y que considero referentes en mi campo han resultado ser personas con cuerpos grandes. Imagina todo lo que se hubiera perdido el mundo si no hubiésemos podido escuchar voces como la de Roxane Gay, por ejemplo. Y, sin embargo, lo más probable es que estemos descartando ese tipo de talento sistemáticamente.

—Los filósofos de la salud siguen discutiendo sobre qué es y no es una enfermedad. Sin embargo, a nivel social ya se considera sin demasiada reflexión la obesidad como una enfermedad. ¿Qué le parece?

—Creo que hay un mecanismo muy predecible y que orbita la consideración de la obesidad como una enfermedad, y es el hecho de que los  medicamentos análogos del receptor del GLP-1 como Ozempic y Wegovy han resultado ser un gran negocio. Y esto lleva al fenómeno clásico por el que, si tienes un tratamiento, también tienes una enfermedad. Es lo que se denomina como disease mongering (en español, literalmente, tráfico de enfermedades). Hay multitud de ejemplos. Nos inventamos una hormona para el crecimiento humano y automáticamente describimos una categoría diagnóstica: talla baja idiopática. La gente dejó de ser baja, que era una forma más de la variedad humana, para pasar a ser susceptibles de ser tratados médicamente porque, de nuevo, se lanzó al mercado un medicamento rentable. Creo que, de forma clara, estamos ante el mismo escenario con los medicamentos análogos del receptor del GLP-1, que por supuesto juegan un papel importante en el tratamiento de enfermedades reales como la diabetes y también ante otros problemas. No quiero minimizar el hecho de que han sido útiles para mucha gente, pero asumir que el mero hecho de tener un cuerpo más grande es, en sí mismo, una enfermedad, creo que proviene de este fenómeno; el de la promoción de una enfermedad producto en base a los intereses de las grandes compañías farmacéuticas y a la forma en la que, inconscientemente, servimos a esos intereses al sumarnos al carro de calificar la obesidad como enfermedad.

—Sin embargo, hay una frase en su libro que dice: «Hay una realidad obvia: la gente gorda está menos sana que las personas delgadas».

—La frase original es que existe una correlación clara entre estar muy gordo y estar menos sano. Esto creo que está claro. Pero no se traslada de manera obvia a aquellos individuos con niveles moderados de sobrepeso. En absoluto esa relación está clara. De hecho, como ya he mencionado, las personas con mayor grasa en sus huesos suelen enmarcarse en categorías más saludables. Pero sí, la relación entre altos niveles de obesidad y peor condición de salud está ahí. Sin embargo, ni siquiera sabemos si es una relación de causa-efecto. ¿Es ese exceso de peso la causa de los problemas de salud?, ¿o es que son los problemas de salud los que generan un aumento de peso? Podrían ser ambas, claro. Además, está el hecho de que las personas con mucho peso tienden a tener peores cuidados médicos, un menor acceso al ejercicio físico, a la habilidad de mover su cuerpo de formas que son demostrablemente importantes para las personas. Hay un montón de evidencia de que es estar en forma, y no estar gordo, el factor más determinante de salud —la autora hace aquí en inglés un juego de palabras entre fitness y fatness—. Por tanto, insisto, debemos ser cuidadosos con las narrativas simplistas que aseguran que el sobrepeso, por sí mismo, está claramente provocando problemas de salud. Y aunque así fuera, seguiría siendo necesario tratar a la gente con cuerpos grandes con compasión, cuidados médicos adecuados y siendo cautos frente a mensajes reduccionistas que aseguran que el sobrepeso es mortal. Porque es un hecho que mucha gente gorda continúa viviendo vidas florecientes y, en gran medida, saludables hasta edades avanzadas.

—Esto me recuerda a cuando el escritor Kurt Vonnegut bromeó en una entrevista en el 2006 con demandar a la industria tabacalera por no haberle causado cáncer de pulmón, a pesar de haber fumado toda su vida. Argumentaba que era publicidad engañosa.  

—Pues es similar, pero más allá de que se acabe confundiendo un factor causal importante con la etiología de una enfermedad, eso no significa que uno pueda pronunciarse sobre la salud de un individuo en particular. Y eso también pasa con las personas con sobrepeso. Una persona muy gorda tiene que soportar que le digan, especialmente en internet, que se va a morir mañana. Las cosas no son tan simples y la realidad es que se está lanzando como un insulto, en absoluto como una expresión de preocupación.

—La define como una «forma tóxica de preocupación». 

—Así lo creo. No creo que sea una preocupación genuina por estas personas, la crítica no parte desde la compasión y la curiosidad por un ser humano que esté atravesando algo así. De lo que en realidad se trata es de creerse con derecho a decirle a otro de manera presuntuosa lo que es bueno para él, sin ninguna consideración sobre si es realista lo que están diciendo o hacia las limitaciones a las que se enfrenta, que pueden ser socioeconómicas, de tiempo, de salud o de discapacidad. En cualquier caso, que la única preocupación que muestres sea por el peso corporal de alguien lo considero bastante revelador. Uno de los grandes predictores de salud de una persona son sus horas de sueño, ¿con qué frecuencia la gente se burla de los demás si no duermen lo suficiente? En cambio, la idea de que alguien te interrogue sobre tu peso, incluso un extraño, es socialmente aceptada en muchos círculos.

—Raza, color de piel, orientación sexual, edad, discapacidad y peso. Son algunos de los sesgos más presentes en nuestra sociedad, pero, según dice, ninguno ha experimentado un mayor crecimiento en los últimos veinte años como la gordofobia. 

—Es increíble. Es cierto que el trabajo que mostró este fenómeno no estudió el sesgo de género. Siento curiosidad por cómo hubiesen sido esos resultados, porque creo que la misoginia está al alza, impulsada por la polarización política o la radicalización de los algoritmos de las redes sociales. En cualquier caso, se han logrado progresos destacados en la mayoría de las áreas de discriminación,con un retroceso tanto de los sesgos implícitos como los explícitos. Pero la gordofobia es la excepción, está al alza. También es el sesgo explícito que decrece más lentamente. Esto no quiere decir que la gordofobia sea el único prejuicio que aún se acepte socialmente. Lamentablemente, muchos prejuicios son aceptados por la gente, basta con ver quién es el presidente de Estados Unidos. La misoginia y el racismo manifiesto de Donald Trump son vistos como conductas aceptables para, aproximadamente, la mitad del electorado estadounidense. Pero sí creo que, entre los círculos más progresistas, la gordura puede ser el eje de opresión menos reconocido.

—Según los estudios de psicología social que referencia, no solo los médicos caen en este sesgo. Hay experimentos que muestran que a la hora de elegir un candidato para un trabajo, si una persona delgada y una gorda comparten espacio, siempre saldrá ganando aquella con normopeso. 

—Resulta deprimente y existe literatura científica que muestra que las personas sufren unas formas de discriminación increíbles por sus cuerpos que para nada tienen que ver con sus funciones en su puesto de trabajo. Y esto lo sufren especialmente las mujeres con pesos altos. Una mujer que incremente su peso en unos cinco kilos tenderá a ser penalizada en sus perspectivas salariales. Y lo sufrirá pese a que este incremento, dentro de los rangos del IMC, se consideran niveles muy moderados. Le afectará pese a estar en el rango de peso promedio. Esta penalización no se aplica a los hombres hasta que sus niveles de obesidad son mucho más acusados. 

—Pero es que usted habla incluso de un sesgo entre padres, con diferentes cuidados entre hermanos si uno tiene sobrepeso.

—Quizás lo más común es poner a un niño o niña a hacer dieta «por su bien». Existen estudios realizados en los noventa que muestran que los padres con hijas con sobrepeso se muestran menos entusiastas a la hora de animarlas a iniciar una carrera universitaria frente a sus hermanas delgadas. Esto concuerda con la evidencia que considera a las mujeres y niñas gordas menos solventes intelectualmente. No se trata necesariamente de que un padre y una madre cuiden menos de sus hijos con sobrepeso, sino que les empujan a adelgazar, incluso a riesgo de causarles un daño potencial, de hacerlos más vulnerables a un desorden alimentario. 

—¿Tiene fe en un cambio del canon estético de cara al futuro? Porque hemos visto períodos de la historia donde se han venerado los cuerpos grandes, pero por otra parte, los que parecían referentes de nuevas estéticas como Kim Kardashian, no han dudado en comenzar a usar los GLP-1 para adelgazar.

—Hay que darse cuenta de algo que es muy importante. A la gente le gusta lucir su posición económica en sus cuerpos. Y una manera de mostrar que posees capital social, económico y cultural es mediante la delgadez. Es una señal visible de tu situación económica desde hace cincuenta o cien años. A la gente le gusta enseñar que tiene acceso a cosas como el ocio, el ejercicio, alimentos frescos que son comparativamente más caros, a un gimnasio de última tecnología o a un entrenador personal. Pero esto se ha democratizado. Cada vez más personas pueden acceder a estos estándares de delgadez, más ahora que los medicamentos para perder peso están bajando de precio y, en muchos casos, los cubren los seguros médicos. Fruto de esto, las celebridades, que necesitan seguir mostrando su capital social y su riqueza, han tenido que adoptar posturas más extremas. Se emplean rellenos estéticos más acentuados, estiramientos faciales mucho más visibles, bótox. Se conforma una nueva estética que ha proliferado. La cirugía estética está de vuelta y esto se explica en buena parte por la necesidad de mostrar que se tiene dinero, que han invertido en sus caras para que, de nuevo, esos niveles de delgadez no sean comparativamente tan accesibles. Las celebrities han tenido que hacerse todavía más delgadas para diferenciarse del resto de la gente. ¿Habrá un cambio de canon estético hacia cuerpos más grandes? No tengo ningún tipo de fe en que esto cambie de dirección. 

Lois Balado Tomé
Lois Balado Tomé
Lois Balado Tomé

A Coruña (1988). Redactor multimedia que lleva más de una década haciendo periodismo. Un viaje que empezó en televisión, continuó en la redacción de un periódico y que ahora navega en las aguas abiertas de Internet. Creo en las nuevas narrativas, en que cambian las formas de informarse pero que la necesidad por saber sigue ahí. Conté historias políticas, conté historias deportivas y ahora cuento historias de salud.

A Coruña (1988). Redactor multimedia que lleva más de una década haciendo periodismo. Un viaje que empezó en televisión, continuó en la redacción de un periódico y que ahora navega en las aguas abiertas de Internet. Creo en las nuevas narrativas, en que cambian las formas de informarse pero que la necesidad por saber sigue ahí. Conté historias políticas, conté historias deportivas y ahora cuento historias de salud.