Antonio Campos, catedrático de Histología: «Antes mirábamos los tejidos del cuerpo, ahora nos dedicamos a crearlos»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

EL BOTIQUÍN

El profesor Antonio Campos, académico de número de la Real Academia Nacional de Medicina de España y catedrático de Histología de la Universidad de Granada.
El profesor Antonio Campos, académico de número de la Real Academia Nacional de Medicina de España y catedrático de Histología de la Universidad de Granada.

El académico de número de la Real Academia Nacional de Medicina de España es pionero de la ingeniería tisular, una rama que considera «los albores de un tiempo nuevo» en la práctica médica

03 abr 2026 . Actualizado a las 15:48 h.

Cuenta Antonio Campos (San Fernando, Cádiz, 1951) que, al igual que unos estudiantes de medicina se decantan por la dermatología o la cardiología, él decidió ser histólogo en el mismo momento en el que se incorporó como alumno a este departamento. «La medicina tiene muchas facetas, y todas son importantes. Nunca he perdido mi orientación médica». Catedrático de Histología desde muy joven supo ver, en el año 1995, el potencial de los tejidos artificiales. «Siempre aprendí de los clásicos y practiqué una cosa que decía Ortega y Gasset muy certeramente, tenemos que estar a la altura de nuestro tiempo». Él, confiesa, siempre lo ha intentado. Tanto, que el grupo en la Universidad de Granada del académico de Histología de la Real Academia Nacional de Medicina de España (Ranme) es pionero en la fabricación de córnea, piel y paladar artificial. 

—¿Son los ingenieros de la medicina?

—Sí, fíjese. En su momento, los histólogos españoles, queriendo estar todos a la altura de nuestro tiempo, hicimos una reunión para cambiar el nombre de la sociedad científica, creada en 1873 como Sociedad Española de Histología. Pasamos a ser la Sociedad Española de Histología e Ingeniería Tisular. Así se llama el proceso de producción de tejidos artificiales. Lo curioso es que antes nos dedicábamos a mirarlos con técnicas distintas, ahora hacemos lo mismo pero además lo construimos lo más histomecánicamente posible.

—Ocupa el sillón 38 de la Real Academia de Medicina de España, el mismo que, en su momento, ocupaba Santiago Ramón y Cajal.

—Así es. Siempre digo de forma muy clara que solo llego, simbólicamente, a la parte baja de la pata del sillón. La figura de don Santiago es universal de la ciencia y de la medicina española y, desde luego, forma parte del elenco de grandes científicos universales como pueden ser Newton, Galileo, Pasteur. Figuras realmente de primera fila.

—Su grupo es pionero en la fabricación de córnea artificial, piel artificial y paladar artificial. Vaya logro. 

—Somos histólogos. Cajal también lo era. Estudiamos los tejidos del cuerpo humano que es el lugar donde asienta la enfermedad y por eso es muy importante conocer bien su estructura normal para poder identificar las lesiones. Eso se hace fundamentalmente con lo que llamamos instrumentos amplificantes y con distintos tipos de microscopios que han ido avanzando. Sin embargo, todos los tejidos que hemos estudiado hasta, prácticamente, la última década del siglo XX eran biológicos, es decir, que proceden del desarrollo embriológico en el cuerpo humano. Es a partir de los noventa cuando se desarrollan todos los tejidos corporales que hemos venido estudiando a lo largo de la historia, que es cuando se da un cambio de paradigma. Es una nueva forma de entender las cosas porque comienza a verse la posibilidad de crear tejidos artificiales, para poder curar y sustituir a los lesionados. Es un cambio completo de paradigma en nuestra disciplina. 

—¿Que sea un cambio de paradigma reciente implica que todavía les queda mucho por saber?

—Muchísimo. El primer artículo realmente significativo sobre este tema se publicó en la revista Science en el año 1993. Nuestro grupo es pionero en este sentido, porque comenzamos a trabajar a partir de 1995. Estuvimos desarrollando una serie de tejidos que pensamos que podían tener una utilidad médica. Por ejemplo, consideramos que la córnea podía ser un elemento a construir para trasplantes, y publicamos el primer trabajo en el 2006. A partir de ahí, empezamos un proceso que es muy complejo, la traslación a la clínica. Lógicamente, las autoridades, que tienen unos criterios muy exigentes con el objetivo de no generar problemas en los seres humanos, consideraron que estos tejidos tenían que ser medicamentos. Y para ello, tienen que pasar una serie de etapas y fases para que puedan ser autorizados. Tiene que hacerse un ensayo clínico, es decir, comparando su eficacia con otros productos, o en el caso de que no haya alternativa, por lo que se llama uso compasivo. Hay que pasar por una serie de estudios preclínicos, primero en el laboratorio, luego en animales, y finalmente en el 2014, la Aemps, siguiendo los criterios europeos, aprobó un ensayo clínico de córnea y ya empezamos a aplicarlo en pacientes. En el 2016, por uso compasivo, se comenzó a aplicar la piel a grandes quemados.

—Su piel artificial es la primera considerada medicamento hospitalario. ¿Qué labor tiene como tal?

— A los pacientes con quemaduras no se les puede poner una cosa a uno, y otra a otro. Por esto se llama uso compasivo, porque no hay una alternativa muy clara. Yo recalco mucho el papel de la histología, porque antes nos dedicábamos a estudiar los tejidos del cuerpo y ahora estamos haciendo tejidos artificiales que se parecen a los del cuerpo para sustituirlos. Son pacientes que tienen quemaduras en el 70 o 75 % de su cuerpo. Eso es terrible. La primera vez que se puse fue en julio del 2026, a una mujer joven tratada en el Centro de Grandes Quemados de Andalucía. Se elaboró la piel en Granada, donde estamos, y se trasladó a Sevilla. Para nosotros fue muy emocionante porque tres meses después nos llamaron nuestros colegas cirujanos plásticos para decirnos que estaba dada de alta, y que con todas las limitaciones que puede tener la piel artificial, cumplía su función, que es de la de hacer barrera y salvarle la vida. Fue muy importante para nosotros porque nos demostró que es un mecanismo que funciona y que es eficaz terapéuticamente.  

—También se estrenó con el paladar artificial el año pasado en una niña de dos años. 

—Sí, eso lo hicimos con los cirujanos pediátricos de Granada. Se ha implantado el modelo de paladar artificial para la fisura labiopalatina y, afortunadamente, tenemos los primeros resultados en tres o cuatro pacientes. 

—¿Llegarán otro tipo de tejidos?

—De hecho, tenemos unos cuantos que, por así decirlo, están en fase de pasar a la clínica. Es el caso de los nervios artificiales, del tendón artificial, la esclerótica —blanco del ojo— o el cartílago. Y, además, poco a poco, vamos intentando mejorar los anteriores.

—¿De qué están hechos?

—Partimos de la base de que sean lo más útiles posible con los menos problemas posibles. Depende un poco del tejido. Por ejemplo, con la córnea no es necesario partir de las células del propio paciente —porque ya se hacen trasplante de humanos—, pero sí en el caso de la piel. En este último caso, tomamos una pequeña biopsia, de un pequeño fragmento de la piel sana que no está quemada, y utilizamos esa célula. Luego hemos ido desarrollando un biomaterial constituido fundamentalmente por fibrina, procedente de la sangre, pero también con un material procedente de alga marina, que le da una consistencia especial, y que realmente ofrece unas propiedades histomecánicas que son muy importantes para que luego los cirujanos puedan trabajar. Todo esto nos lleva muchos años, y es cuestión de probar porcentajes, las reacciones que tienen esos materiales con las células, si las destruyen, si modifican los genomas, nos decantamos por unos materiales sobre otros, incorporamos también factores de crecimiento… Y todo eso, conjuntamente, da lugar al cambio de protocolo y, con ello, al cambio de concepto. Crear un tejido lo más biomimético posible, que sea lo más parecido al tejido nativo, al natural. Las córneas, por ejemplo, están hechas con escamas de varios tipos de peces que están en en el mercado, como las carpas.

El profesor Antonio Campos, en su laboratorio de la Universidad de Granada.
El profesor Antonio Campos, en su laboratorio de la Universidad de Granada.

—¿Se pueden mejorar?

—Sí, es lo que intentamos. La piel inicial que nosotros hicimos no tenía vasos, por ejemplo, ahora se los hemos incorporado. Hemos hecho mucosa oral. Uno de los problemas que surgen en la cirugía es la contaminación con pseudomonas, que son agentes microbianos que producen una infección en las intervenciones quirúrgicas en los hospitales. Para evitarlo, hemos añadido nanopartículas a la piel artificial que están cargadas con antibióticos contra estas bacterias. Es decir, que además de ser una terapia sustitutiva de la piel, va cargada con misiles, por decirlo así. En el laboratorio vimos que eso funciona, ahora nos queda ver, cuando tengamos las autorizaciones pertinentes, que puede ser útil para los pacientes. El horizonte de mejora es enorme, porque podemos hacer cosas incluso que no haga la piel normal, siempre dentro de un marco ético. No olvidemos de que la medicina tiene que dar esperanza al ser humano enfermo. 

—¿Por qué se deciden por unos tejidos o por otros? 

—Porque tenemos que intentar ver dónde están los problemas médicos. Nosotros queremos solucionar problemas y ver lo que podemos abordar con esos tejidos y con otros que estamos preparando. Es importante que en nuestro grupo del laboratorio de histología tengamos una buena conexión con los colegas clínicos, con los oftalmólogos, cirujanos plásticos, traumatólogos, etcétera. 

—¿Cómo están evolucionando las formas de curar? Tenemos química o cirugía, pero usted dice que también están las células, los genes y los tejidos. 

—A mis alumnos, para que tomen conciencia de lo que estamos viviendo, les digo lo siguiente. Desde que comenzó la medicina se ha curado de cuatro formas: con la física, como el frío, el calor o la radioterapia; con la química, desde las plantas medicinales hasta un fármaco sintético; con la cirugía, desde las terribles amputaciones hasta la cirugía robótica de nuestros días;  y con la palabra, que siempre ha estado, solo que ahora se organiza en forma de psiquiatría o psicoterapia. Pues fíjese, desde la última mitad del siglo XX, se han sumado los tejidos artificiales. Se está empezando a curar con un nuevo agente terapéutico, que son las células y los tejidos. Estamos en los albores de un tiempo nuevo. Esto comenzó con los primeros trasplantes de médula ósea, con la terapia celular, en los cincuenta o sesenta. Después llegaron los trasplantes. Recuerdo que cuando yo era estudiante de medicina se hizo el primer trasplante cardíaco y nos pareció una cosa tremenda. Y ahora, estamos iguales con todo lo que se ha desarrollado de los tejidos artificiales. 

—¿Cómo se crean estos tejidos?

—Hay algunos tejidos que se hacen en el laboratorio. Sin ánimo de ser frívolo, esto es como una receta de cocina. Quiero decir, al igual que primero se pone una capa de mermelada, luego galletas… En realidad, hay varios modelos de construcción de tejidos. En algunos sitios se utilizan los biorreactores; otros se construyen por lo que se llama descelularización, es decir, que tomamos por ejemplo una córnea de un animal como el cerdo, le quitamos la córnea y retiramos las células del cerdo y las sustituimos por otras humanas. En ese caso, tenemos el armazón y le metemos las células humanas. Eso todavía no ha ido a la clínica, pero se está desarrollando. También se están intentando construir por un mecanismo que se llama organoides, y también se puede hacer por bioimpresión. Se están empezando a fabricar las bioimpresoras, pero es lo mismo, una capa de una cosa, otra de otra, y por bioimpresión se va generando el producto final. Nosotros los que hemos llevado a la clínica son de los de la primera fase, los que se hacen artesanalmente, pero todo lo demás irá llegando.  Por eso digo que estamos en el comienzo de una nueva etapa para la histología que tendrá que fabricar estos tipos de tejidos, y por tanto algo muy estimulante en nuestra disciplina, y pienso que en la medicina también, y con una trascendencia importante posterior, es también la posibilidad de utilizar estos tipos de tejidos para utilizarlos en la parte de la experimentación, y evitar un poco el sufrimiento animal que eso genera.

Lucía Cancela
Lucía Cancela
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Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.