¿Cómo saber si un niño es altamente sensible (NAS)? Estas son las características de este rasgo de personalidad

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martinez LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

La Voz de la Salud

La dificultad para adaptarse a nuevas texturas, los llantos frecuentes o la saturación tras días de mucha agilidad son algunos de los posibles signos

07 feb 2023 . Actualizado a las 10:56 h.

Bebés o niños que se pueden llegar asustar con facilidad, a los que les puede llegar a costar adaptarse a nuevas texturas o sabores, que poseen una gran imaginación y creatividad y que sorprenden con reflexiones o preguntas profundas. Son algunas de las características que se pueden observar en un niño que es altamente sensible (también conocido por sus siglas, NAS). Aunque en ocasiones puede llegar a confundirse con un trastorno, en realidad se trata de un rasgo hereditario de la personalidad que lo acompañará durante toda la vida. De hecho, con una buena gestión desde la infancia, «conduce a adultos resilientes, con inteligencia emocional, empáticos, creativos, líderes y con muchas otras cualidades», afirma Manuela Pérez Chacón, psicóloga especializada en personas altamente sensibles (PAS) y presidenta de la Asociación Española de Profesionales de la Alta Sensibilidad (PAS España). 

«Que un niño o niña sea altamente sensible (NAS) quiere decir que sus emociones son más intensas, así como su pensamiento, lo cual puede llevar a consecuencias en su día a día y en la vida», explica la presidenta de la entidad. ¿Quiere decir esto que son niños más débiles? En realidad, no. Así lo subraya Pérez: «No son más vulnerables por ello, ni pretenden ser elementos protegidos en una burbuja, sencillamente son una minoría necesaria de la población. La sociedad actual aún no está del todo preparada para entender que las emociones son una parte muy esencial de los menores y no podemos dejar de guiarles y orientarles. Se tiende en gran medida a esperar que el menor se haga mayor o se haga fuerte, cuando en realidad el niño necesita un entorno ajustado a sus necesidades emocionales, ser entendido y que se le ayude a integrar emociones y conductas».

El rasgo es hereditario, por lo que si un niño es altamente sensible, es probable que uno o los dos progenitores, también lo sean. «Viene determinado genéticamente y describe una forma de funcionar del sistema nervioso de las personas que se llama sensibilidad al procesamiento sensorial. Con lo cual hablamos de un tipo de personalidad que es estable a lo largo de la vida», apunta Úrsula Perona, psicóloga infanto-juvenil y autora de NAS. Niños Altamente Sensibles (Toromítico, 2021). 

¿Cuáles son las principales características de un niño altamente sensible (NAS)?

En realidad, las características de un niño altamente sensible (NAS) no difieren mucho de las que pueda llegar a presentar un adulto o persona altamente sensible (PAS). Estos han sido identificados y detallados por la psicóloga Elaine Aron, que fue la que definió por primera vez este rasgo en 1991. 

Los rasgos que se pueden detectar en los niños altamente sensibles (NAS), son:

  • Una gran sensibilidad a las sutilezas. Son capaces de captar pequeños detalles a través de sus sentidos. «Tienen un sistema sensorial muy agudo, muy fino. No se les escapa nada ni a nivel auditivo, visual, ni en cuanto a texturas de los alimentos. Poseen unos sentidos muy desarrollados. Pero no solo de las cosas que suceden en el exterior, también los proafectivos o introafectivos, que son los que nos informan de nuestros propios estados físicos y psicológicos. Un NAS percibe todo el entono pero también todo lo que le está sucediendo», señala Perona.  
  • Procesamiento profundo. Los NAS son reflexivos y muy poco impulsivos. «Poseen una capacidad mental muy potente a la hora de procesar y analizar, son niños muy mentales. Siempre están pensando, procesando y analizando datos. Es muy curioso la forma en la que procesan la información», amplía Perona. En consecuencia, presentan una dificultad a la hora de tomar decisiones ya que antes analizan todas las posibles consecuencias de esa acción. 
  • Alta emocionalidad y empatía. Presentan una gran intensidad emocional ante situaciones o sensaciones. Experimentan la felicidad, la tristeza o la injusticia de una forma muy intensa. Además, muestran gran preocupación por otras personas. «Describen ese mundo emocional tan intenso como abrumador porque sienten y experimentan todas las emociones de una manera muy profunda», comenta Perona.
  • Sobreestimulación. Teniendo en cuenta los otros pilares, se comprende mejor este último. Se trata de una saturación del sistema nervioso que se da cuando un niño recibe más información de la que es capaz de procesar. «La sobreestimulación se manifiesta en los NAS cuando se sobrecargan de estímulos, lo cual les lleva a mostrar conductas relacionadas con el estrés y, al mismo tiempo, necesitan un espacio para el descanso durante su actividad diaria. Algunos NAS exteriorizan la sobrecarga de estímulos como saturación y se bloquean. Por ejemplo, al hablar en público, al hacer exámenes, o bien, en lugares con muchas personas», amplía Pérez.

Por estas razones, suelen ser bebés y niños que se asustan con facilidad, que tienen dificultades para conciliar el sueño y que tienen pesadillas por la noche. Pueden tener problemas con la alimentación porque no les gusta adaptarse a sabores o texturas nuevas, e incluso pueden mostrarse incómodos ante tejidos de la ropa. 

Llantos frecuentes y berrinches, ¿son normales?

Pérez comenta que llorar es la manifestación de una emoción intensa de pena o tristeza y que cuando se trata de niños y niñas en la etapa infantil, que aún no saben hacer uso del lenguaje para expresar sus emociones, el llanto es el recurso que tienen más disponible. Pero más allá de esa etapa, puede que esta acción sirva como una especie de desahogo: «Al crecer, el llanto les consuela. Descargan la emoción y con ello se sienten mejor. Muchas veces no pueden evitar llorar, la emoción es tan rápida que no consiguen controlarla. Pero en realidad todas las emociones son necesarias, por lo tanto, es mejor darle al llanto su privilegiado lugar, su función de calma y su función de comunicación».

Otra característica que suele relacionarse con los niños altamente sensibles es la timidez. Sin embargo, la psicóloga precisa que «la timidez es una sensación o emoción adquirida, por lo tanto, ningún NAS nace tímido». Es decir, también pueden existir niños altamente sensibles que sean más extrovertidos. 

Las ventajas de ser NAS

Las personas altamente sensibles reflexionan y enfatizan más, tienen una mayor creatividad y empatía. «Suelen ser niños muy cariñosos y compasivos. Tienen un mundo interior muy rico, al igual que esa capacidad que tienen para ver más allá, esa intuición… Son personas muy intuitivas, saben como manejar una situación determinada para conectar con otras personas y tienen cualidades muy bonitas que aportan mucho al mundo. El mundo necesita más sensibilidad, no menos», afirma Perona.

¿A qué edad suelen presentarse estas características en los niños altamente sensibles (NAS)? 

Este tipo de signos pueden manifestarse incluso cuando son bebés. Por ejemplo, pueden presentar problemas con la alimentación porque les cuesta adaptarse a sabores o texturas nuevas. Al igual que «pueden mostrar rechazo a determinados tejidos, berrinches al alejarse de sus figuras de apego o saturación tras días de mucha agilidad», indica Pérez. 

Sin embargo, las características más determinantes suelen mostrarse cuando el pequeño empieza la etapa escolar. «Normalmente los padres suelen preguntarse si es altamente sensible a los tres o cuatro años, pero ya desde un principio se daban cuenta, solo que no sabían qué era exactamente. También el propio niño empieza a ser consciente de que percibe el mundo de una manera diferente. Cosas que pueden resultar insignificantes o que otros no se dan cuenta, mientras que a él no se le escapa nada», explica Perona.

Aunque tampoco debemos olvidarnos de la adolescencia, ya que según palabras de la presidenta de PAS España puede ser una etapa en la que se empieza a dar pistas y síntomas asociados al rasgo. «Sobre todo cuando las relaciones con sus iguales les llevan a descubrir diversas formas de sentir y pensar». 

Cuando la alta sensibilidad se confunde con un trastorno 

Según la psicóloga Perona, una de las primeras señales que va a apreciar una madre o un padre de un niño altamente sensible es la molestia que le pueden provocar los tejidos de la ropa o las etiquetas, algunas texturas de comidas o los ruidos: «Todo esto puede resonar un poco a un trastorno del espectro autista (TEA) porque comparten mucho rasgo sensorial. De hecho, es con lo que más diría que se confunde la alta sensibilidad. Sin embargo, hay muchos rasgos de TEA que no aparecen en la sensibilidad, por lo que hay que hacer un diagnóstico diferencial». 

Unas palabras con las que concuerda la presidenta de la asociación PAS España: «El motivo principal por el que iniciamos la asociación fue crear recursos para corregir y eliminar etiquetas en los niños que estaban confundiendo el rasgo de la Alta Sensibilidad con determinados trastornos psicológicos, así como iniciar la actividad necesaria para darle el rigor científico que merecían las personas altamente sensibles en nuestro país». Un trabajo que prosigue a día de hoy, ya que la psicóloga confiesa que en ocasiones existen síntomas que se aproximan a un diagnóstico de salud mental, «pero cuando se profundiza en la valoración del menor, se trata de casos de alta sensibilidad». 

¿Y si mi hijo es altamente sensible?

Debido a estas confusiones que se pueden llegar a dar a la hora del diagnóstico, Pérez explica que lo primero que se suele hacer cuando un menor llega a consulta es identificar si realmente se trata de un niño con alta sensibilidad a través de un test. «A partir de ahí, los consejos a los padres se basan en que no bajen la guardia con su hijo o hija NAS, ya que no se trata de menores vulnerables por su sensibilidad. Al mismo tiempo deben pensar que educar con prudencia y estar atentos a sus necesidades, les puede hacer creer que son niños y niñas frágiles, y no se trata de sobreprotegerles. Las recomendaciones van orientadas en partir de sus fortalezas como NAS y no de sus debilidades. Se trata de conseguir que los niños y jóvenes se hagan tolerantes a la frustración, sean capaces de tomar buenas decisiones y adquieran la capacidad de establecer buenas relaciones sociales», subraya la psicóloga.

Saber qué le está sucediendo al niño conlleva a entender muchas situaciones que antes podrían resultar complejas. Perona pone como ejemplo las posibles rabietas que pueden darse en un NAS a la hora de vestirse: «Un niño que se revuelca porque no se quiere poner una prenda, que llora y que hay que perseguirlo por toda la casa para vestirlo… Si tú atribuyes esto a un capricho del niño o a un desafío, lo vas a manejar de una manera. Pero si sabes que tu hijo es altamente sensible y que las costuras del calcetín o la etiqueta de la camiseta puede ser un estímulo para él, sensorial y realmente perturbador, lo vas a manejar de otra manera». 

«Una de las cosas que refieren las personas adultas que no sabían que tenían este rasgo en la infancia es la incomprensión, la sensación de soledad, el sentirse inadecuados o que lo que estaban sintiendo no estaba bien… Ya no solo con el ejemplo de la ropa que he puesto, es la validación de las emociones. Porque son reales y él las está experimentando así aunque nos puedan parecer tonterías o cosas de niños. No se debe quitar importancia a sus preocupaciones», concluye Perona. 

Según la Asociación de las Personas con Alta Sensibilidad de España (Apase), el reto como padres y madres de un niño con alta sensibilidad es: 

  • Ayudarle a gestionar sus emociones.
  • Controlar la sobreestimulación y enseñarle a gestionarlo cuando suceda.
  • Enseñarle a poner límites y comunicarse de manera asertiva.
  • Que comprendan por qué otros niños no sienten igual que ellos y no se sientan mal por ello.

En definitiva, integrar el rasgo para que puedan vivir de una manera más equilibrada y aprovechar toda la potencialidad que la alta sensibilidad ofrece.

  

Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo
Cinthya Martínez Lorenzo

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.

De Noia, A Coruña (1997). Graduada en Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela, me especialicé en nuevas narrativas en el MPXA. Después de trabajar en la edición local de La Voz de Galicia en Santiago, me embarco en esta nueva aventura para escribir sobre nuestro bien más preciado: la salud.



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