Sofía Pérez Riesco, diagnosticada de TDAH: «No era capaz de tener una relación larga, me aburría de la gente»

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

EDUARDO PEREZ

Con 22 años fue diagnosticada de un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad que le causó bulimia, pero la acercó al deporte de alto nivel

03 may 2022 . Actualizado a las 12:11 h.

Cuando Sofía Pérez Riesco tenía 22 años, recibió un diagnóstico que, en sus palabras, cambió su vida para siempre al liberarla de la presión de ser como los demás. Sofía tiene Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), un problema que está presente desde la infancia y que impide a las personas que lo padecen concentrarse en una sola cosa.

Mantener la atención en una tarea y pasar cierta cantidad de tiempo sentado, sin moverse, son momentos cotidianos que forman parte del día a día de cualquiera, sobre todo durante la edad escolar y académica. Pero, para quienes, como Sofía, padecen de TDAH, permanecer sentados o estudiar una asignatura son tareas que pueden representar un verdadero desafío. Además, la impulsividad es un rasgo característico de quienes sufren este trastorno y es algo que ha llevado a Sofía a atravesar un trastorno de la conducta alimentaria. Hoy, a dos años del diagnóstico y con el apoyo de su familia y su grupo de terapia, la joven sadense lleva una vida no solo normal, sino llena de actividad y propósito. Es activista, artista y socióloga. Y asegura que saber que tenía TDAH le ha quitado un peso enorme de encima.

Estudiar con TDAH

«Yo siempre fui una persona súper inquieta, desorganizada, me costaba pararme y ponerme a estudiar o concentrarme en cualquier cosa. Siempre fui una niña súper dispersa que estaba siempre en la luna, me llamaban la atención en clase... Pero siempre aprobé. Siempre se me dieron bien las asignaturas. El día antes del examen estudiaba y el primer curso lo fui sacando. Los estudios sí que me costaban, pero acababa aprobando con cincos, seis y demás», recuerda Sofía. A causa de ese buen rendimiento académico, la joven no fue diagnosticada durante la infancia. Sus dificultades a la hora de concentrarse encontraban otras explicaciones que tendían a culpabilizarla: le decían que, si tan solo se esforzara más, le iría mejor.

Sin embargo, Sofía seguía adelante con su vida académica. «Entré en la carrera de Sociología después de hacer selectividad. Con la carrera, bien. Como era algo que me gustaba, que era estudiar la sociedad, la sacaba fácilmente. Se me daba bastante bien. Lo que me costó fue el trabajo de fin de curso, que tú tienes que hacerlo por ti misma y, aunque tengas un tutor, te tienes que organizar tú el tiempo. Una persona con TDAH tiene picos de motivación. Te apuntas a todo, pero no eres tan consciente de las prioridades y del tiempo que tienes. Eso es lo que más cuesta a personas con este diagnóstico, organizarse bien y ser conscientes del tiempo. Estás haciendo algo que te gusta y, cuando te das cuenta, ya han pasado tres horas a lo mejor, y deberías haber empezado con otra cosa, o quizás habías quedado con alguien y se te pasa», cuenta.

Aunque Sofía ya notaba dificultades en su vida personal y en algunos aspectos de su gestión del tiempo, fue más o menos en esa etapa cuando realmente comenzó a sentir que había un problema. «El TFG me costó dos años ponerme a hacerlo. Cambié varias veces de tema. Al final, decidí hacerlo porque se vencía el plazo. No se podía esperar más. Lo hice en un mes y medio, saqué un seis y me lo saqué de encima. De no ser por ese plazo, no hubiese logrado organizarme», recuerda.