Patricia Palau, cardióloga: «La lipoproteína A debe ser estudiada una vez en la vida»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

La cardióloga Patricia Palau, en el Palexco, de A Coruña.
La cardióloga Patricia Palau, en el Palexco, de A Coruña. Eduardo Pérez

La presidenta de la Asociación Española de Cardiología Preventiva explica cómo la rehabilitación cardíaca ayuda a los pacientes a perder el miedo a volver a moverse

01 mar 2026 . Actualizado a las 17:08 h.

La doctora Patricia Palau (1977, Aielo de Rugat, Valencia) es presidenta de la Asociación Española de Cardiología Preventiva, de la Sociedad Española de Cardiología. El jueves y el viernes, la entidad celebró en A Coruña su reunión anual. La cardióloga del Hospital Clínico de Valencia y coordinadora del programa de rehabilitación cardíaca para pacientes con insuficiencia destaca el valor de prevenir la enfermedad cardiovascular desde todos los flancos.

—Hasta ahora, la medicina ha llegado a curar. ¿Se hace más hincapié en prevenir que antes?

—Sí. Creo que nuestro programa muestra un poco lo que está ocurriendo actualmente. La cardiología preventiva es el eje central de la cardiología en general porque no solo hablamos del presente, sino también hablamos del futuro. Esta especialidad busca afrontar el presente e intentar prevenir dirigiéndonos también hacia el futuro.

—¿Cómo se previene en la cardiología? Carecen de cribados, como sucede en otras especialidades.

—Afortunadamente, lo estamos cambiando. Cada vez disponemos de más de herramientas para la individualización, la personalización y el fenotipado de la enfermedad. Hoy en día tenemos marcadores que nos ayudan a valorar el riesgo del paciente y, por tanto, a actuar precozmente, como es la dislipemia familiar. También la lipoproteína A, que es un marcador de riesgo de que este paciente vaya a desarrollar una enfermedad cardiovascular precoz y más grave que aquellos pacientes que tienen esta lipoproteína normal. Creo que la cardiología preventiva intenta mirar hacia el fenotipado, hacia la individualización y eso también forma parte del presente y del futuro.

—¿La lipoproteína A es un lípido más?

—La lipoproteína A es una partícula lipídica que es muy parecida al LDL. Tenerla elevada, por encima de 50 miligramos por decilitro, es un factor de riesgo cardiovascular independiente, porque se ha visto que se asocia con un mayor riesgo de cualquier enfermedad cardiovascular, entre ellas, el infarto de miocardio, un ictus cerebral, una enfermedad valvular precoz como es la estenosis aórtica o una aterosclerosis a edades más precoces que la población general. Lo importante de esta lipoproteína es que no se modifica con cambios del estilo de vida. Si naces con ella,el que tú tengas un estilo de vida perfectamente controlado y un ejercicio hará que, por supuesto, tengas menos riesgo que aquel que tiene la lipoproteína A y un estilo de vida inapropiado, pero sus valores no se reducirán. Por eso, sabemos que el control estricto del LDL y de otros factores de riesgo es clave para evitar que haya esa progresón rápida del riesgo cardiovascular que supone esta lipoproteína per se. Hoy en día no tenemos ningún tratamiento dirigido a bajarla, como sí tenemos para bajar la LDL. En cambio, tenemos en marcha un gran estudio cuyos resultados conoceremos a mediados o finales de este año, en el que veremos los efectos de un fármaco en su reducción. A partir de entonces, sabremos si es capaz de modificar el riesgo de estos pacientes. 

—Hoy en día, en una analítica pedida por nuestro médico de cabecera solo se consulta la cifra total de colesterol, la de LDL y HDL. ¿Cree que en el futuro se incluirán otros marcadores, como la lipoproteína A?

—Sí. La lipoproteína es muy fácil de hallar porque solo necesitamos una determinación en la vida de nuestros pacientes. Sabiendo que está elevada podemos hacer un cribado familiar. Por tanto, las guías han cambiado en este último año y nos dicen que debemos de estudiar al menos una vez en la vida la lipoproteína A en los sujetos y en función de los valores de actuar precozmente en este paciente. De nuevo, otra vez la prevención primaria y el papel de la cardiología preventiva en la prevención primaria, es decir, ese paciente que tiene una lipoproteína A elevada vamos a cribarlo como paciente de alto riesgo, estudio de familiares y empezar el tratamiento precozmente y con tratamientos para conseguir, que en este paciente, el LDL esté más bajo.

—En su hospital tienen un programa dirigido a rehabilitación de la insuficiencia cardíaca. ¿Cómo se reducen los síntomas en esta enfermedad?

—La rehabilitación cardíaca en estos pacientes consigue la modificación de los factores de riesgo y la optimización del tratamiento, porque les seguimos mucho más de cerca. Los cardiólogos de la unidad de insuficiencia cardíaca y los cardiólogos de rehabilitación somos un equipo. Además, contamos con fisioterapeutas, con un psicólogo puntualmente que nos ayuda. También tenemos el apoyo de de enfermería y fisioterapia, que para nosotros es crucial, importantísimo. La rehabilitación cambia la vida a estos pacientes porque no solo vemos al paciente sentado en nuestra consulta, sino que participan en un programa de ejercicio físico. Vamos a hacerles una prueba inicial, una ergoespirometría para valorar funcionalmente a estos pacientes. Vamos a ver cómo responden al ejercicio y a su día a día. Al final, en su vida diaria, tienen una limitada capacidad funcional, son pacientes que no se mueven porque su principal limitación es la sensación de falta de aire, la disnea. Muchas veces esto es un círculo vicioso, se mueven menos, van perdiendo masa muscular y cada vez eso va haciendo que se muevan menos y tengan peor capacidad funcional. La optimización del tratamiento en la enfermedad de insuficiencia cardíaca, unida a un programa estructurado de ejercicio físico dirigido por fisioterapia y también ayudado por enfermería nos ayuda a que estos pacientes ayuden a mejorar su capacidad funcional, a reducir la sarcopenia, la pérdida de masa muscular y a que estos pacientes sean mucho más independientes. Es decir, que puedan hacer una vida diaria sin tener, al menos, sensación de disnea. Pasan a ser mucho más funcionales, es decir, mejoramos su calidad de vida y su capacidad de poder hacer ejercicio.

—¿El paciente cardíaco tiene miedo a retomar la actividad del día a día?

—Exacto, para nosotros los programas de rehabilitación cardíaca son fundamentales. Primero, vamos a conocer su situación. Cuando sale de una alta hospitalaria, bien por insuficiencia cardíaca, bien por cualquier patología valvular o isquémica, les vamos a enseñar la importancia de que ese cambio de estilo de vida incluye la actividad física, el ejercicio físico. Esto hace que el paciente se sienta seguro en un ambiente estructurado inicialmente, el paciente va a venir a las sesiones y a darse cuenta de que, realmente, puede y debe hacer ejercicio, y que además es seguro. Le ayudamos un poco a esa pérdida de miedo, a volver a su actividad física previa y le demostramos que no solo no debe causarle miedo, sino que va a mejorar y a evitar que progrese la enfermedad.

—¿El paciente de una enfermedad cardíaca siempre debe hacer ejercicio?

—Muchos centros no disponen de programas de rehabilitación cardíaca. Desde luego, pueden dar consejos y orientaciones, pero tener un programa de rehabilitación cardíaca con apoyo multidisciplinar, de fisioterapia, de cardiología, de enfermería, ayuda a que ese paciente entienda que la actividad física o el ejercicio físico, la primera si el paciente no era deportista y la segunda si sí lo era, es fundamental. Es cierto que no podemos disponer de un programa presencial para todos los pacientes, pero al menos, intentamos que puedan venir a unas pocas sesiones para que, primero, lo hagan de forma supervisada y, después, puedan llevarse un programa para hacer en su domicilio. Eso sí, siempre que podemos, especialmente si son de alto riesgo, tratamos de hacerlo presencial.

—¿Tiene constancia de que sus pacientes continúan haciendo ejercicio una vez obtiene el alta de rehabilitación?

—Eso es esencial. Cuando vienen al programa de ejercicio físico les enseñamos que esto es un cambio de estilo de vida, y esto no es algo que se haga de un día para otro. Hay autores que hablan de treinta días, otros de ocho semanas. Nuestro objetivo, con las charlas, en la asistencia que les damos, es que entiendan que esto es de por vida. En la fase tres, una vez que termina el programa presencial, intentamos que se adhieran al programa de ejercicio que ofrecen en gimnasios o polideportivos municipales, centros de entrenamiento que estén cerca de su casa, o mismamente, programas de ejercicio de cada ayuntamiento que, cada vez hay más. Es decir, desde el programa de rehabilitación cardíaca el paciente tiene que tener claro que está haciendo un cambio en su estilo de vida que debe mantener para siempre. Para que se acostumbren, siempre les damos la opción de que, previo al alta, busque un gimnasio, nos digan qué elementos tendrán disponibles en él para entrenar, y nosotros adaptamos el plan. Como es lógico, aquí es fundamental contar con fisioterapia y con el educador físico deportivo.

Lucía Cancela
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Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.