¿Qué hace la medicina nuclear? «Nuestros medicamentos salvan muchas vidas»

Lucía Cancela
Lucía Cancela LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Senén Rouco

La Voz visita la unidad dirigida por la doctora Virginia Pubul, ubicada en el Complexo Hospitalario Universitario de Santiago, quien explica cómo funciona

02 feb 2026 . Actualizado a las 12:58 h.

En la planta menos dos del edificio D del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago trabajan los isótopos radiactivos, las radiaciones nucleares y las variaciones electromagnéticas. Lo hacen en silencio, en un espacio blanco, organizado, sin ruido visual —ni sonoro—. En una unidad con un núcleo muy claro: las máquinas. Y dos alas que forman una U. La de los profesionales sanitarios, a la izquierda del visitante, y la de los pacientes, a su derecha. Ambas están separadas por las herramientas capaces de diagnosticar y tratar a los enfermos, afectados, cada vez más, de un mayor número de patologías. La medicina nuclear crece y se abre paso entre un suelo de terrazo, paredes blancas y puertas rojas; sin apenas carteles decorativos. Un espacio ordenado, con sincronía meticulosa y sobriedad a la altura de la jefa de servicio, la doctora Virginia Pubul, que llega con energía, a paso rápido por los pasillos del CHUS, para dar a conocer un área de la medicina tan desconocida como importante. Le gusta tanto que empieza a contar su origen como si fuese una conversación entre amigos. No espera a que pulsemos el botón de grabar. Suerte que no le importa repetirlo. «Es un tema que me apasiona», reconoce a las puertas de su servicio. «Es una instalación radiactiva que está regulada legalmente, no solo por la Agencia Española del Medicamento, sino también por el Consejo de Seguridad Nuclear», adelanta la especialista. No son muchos los hospitales preparados para soportar un desarrollo «tan tremendo». Sin embargo, en España en general, y Galicia en particular pueden presumir de ello. «Este hospital —el CHUS— lidera en muchas patologías la medicina nuclear española, tanto en terapias con tumores neuroendocrinos como en terapias de próstata», ejemplifica. Para la mayoría resulta complejo entender la labor que desarrolla esta especialidad. Desde luego, uno puede comprender que detecta y cura, pero la lección se complica cuando átomos o protones entran en la ecuación. Al contrario de lo que sucede con otras disciplinas médicas, que se apoyan en TAC o radiografías, imágenes estáticas, la medicina nuclear observa procesos. Es decir, no solo muestra cómo es un órgano, sino cómo funciona.

Pubul repite, mientras enseña su unidad, la palabra radiofármacos. Estos son, precisamente, la clave de su especialidad. «Son medicamentos especiales que se distribuyen de forma molecular. Alcanzan de manera dirigida una diana tanto para diagnosticar como para tratar», detalla.

En la práctica, funcionan como pequeños mensajeros: recorren el organismo y se acumulan únicamente en el tejido que interesa estudiar o tratar, lo que permite obtener información muy precisa sin afectar al resto del cuerpo.

Cada radiofármaco está diseñado para un objetivo específico: algunos se fijan a receptores celulares; otros, a rutas metabólicas como el consumo de glucosa; otros, a componentes de la membrana celular. Esa especificidad es la que permite estudiar enfermedades muy distintas con una precisión que otras técnicas no alcanzan.

Se construyen a partir de moléculas normales, como la glucosa, el agua o el yodo, entre otras, a las que se les une un átomo inestable. Ese átomo tiene un núcleo que no está “equilibrado” y, para estabilizarse, emite energía. Energía que aprovecha la medicina nuclear para seguir su recorrido a través de las imágenes obtenidas con los equipos de gammacámara o PET.

Dentro de la unidad

La primera de las salas de la unidad se destina a la radiofarmacia, el lugar en el que se almacenan y sintetizan los radiofármacos. La doctora Pubul se detiene en su puerta para hacer un alegato y defender lo suyo: «Aunque la medicina nuclear utiliza radiaciones, a lo largo del año en Europa salvan un montón de vidas». Se pronuncia ante las dudas que puedan surgir debido al apellido de esta medicina. «El universo es radioactivo», apunta. Tanto, que el 85 % de las radiaciones que una persona recibirá en su vida proceden de fuentes naturales. «No caigamos en pensar que los radiofármacos nos hacen daño». En realidad, todo lo contrario.

Quince pasos adelante, se abre la puerta de la sala de administración de radiofármacos, radiodiagnósticos y de alguna terapia ambulatoria, como el tratamiento del hipertiroidismo con yodo 131. Administrarlos es labor de enfermería y fabricarlos, de la Unidad Central de Radiofarmacia de Galicia. Allí se encuentra el ciclotrón, un acelerador de partículas que genera isótopos radiactivos de vida muy corta, imprescindibles para determinadas pruebas de medicina nuclear. Su sede se puede ver —casi tocar— desde la ventana de la unidad de medicina nuclear. «Ese edificio de ahí es el que sintetiza los radiofármacos para el PET», dice Pubul a la vez que lo señala con el dedo.

La especialista explica que el radiofármaco es una medicación especial porque, entre otras cosas, «tiene una posología especial y un tiempo desde el que se sintetiza hasta que se puede usar muy variable, que va de minutos a muy pocas horas. Para algunos, de semiperiodo corto, el tener ahí —vuelve a señalarlo— el ciclotrón es fundamental». Santiago puede sacarle provecho.

Una de las gammacámaras disponibles en el CHUS.
Una de las gammacámaras disponibles en el CHUS. PACO RODRÍGUEZ

Las siguientes salas de la unidad se destinan al plato fuerte. Las gammacámaras, que convierten la radiación gamma en imágenes de la función de huesos, corazón o riñón, y el PET (tomografía por emisión de positrones), que produce imágenes tridimensionales del metabolismo celular, útil para localizar tumores o evaluar tratamientos con precisión. Hacen de traductores entre lo que el radiofármaco emite y lo que el médico puede evaluar. El primer tipo es más analógico. Necesita un fotomultiplicador, un aparato que transforma los fotones que emite el paciente en energía eléctrica; el segundo, totalmente digital, transforma de manera automática los fotones en imágenes.

A los mandos, las técnicas, Tina y Nerea, respectivamente. El PET es el presente y el futuro de la medicina nuclear. «Los radiofármacos que se utilizan para esta prueba son de emisión de positrones. Este equipamiento tiene mayor sensibilidad que los equipos convencionales». En resumen, ve más.

Hace casi cuatro años, en una entrevista concedida a La Voz, la doctora Pubul resumió en una expresión tan clara como coloquial todo lo que estaba por venir en la medicina nuclear. El futuro, dijo, «era la bomba». Lo mantiene, aunque prefiere matizarlo. «Es una especialidad multidisciplinar y absolutamente transversal. Con los radiofármacos podemos diagnosticar cualquier órgano o sistema del cuerpo humano», apunta. Lo ejemplifica con el cerebro y el alzhéimer, un campo con un desarrollo «apasionante» en los próximos años; aunque la medicina nuclear abarca muchos más. El corazón —a través de la cardiología nuclear—, el aparato digestivo, infecciones o procesos inflamatorios. Cualquier cosa susceptible de ser estudiada.

Tina, una de las técnicas, prepara el PET.
Tina, una de las técnicas, prepara el PET. PACO RODRÍGUEZ

Eso sí, la gran apuesta es el terreno oncológico, en el que ya se involucran. «La mayor línea de desarrollo es el cáncer y la mayor parte de los radiofármacos que se están desarrollando van a ser para la lucha contra él», apunta. Para bajarlo a tierra, Pubul explica su utilidad en los tumores neuroendocrinos, una enfermedad muy heterogénea, infrecuente y con múltiples orígenes, cuyas células expresan una serie de marcadores biológicos conocidos como los análogos de la Somatostatina.

«Nosotros, inyectamos un radiofármaco diagnóstico, localizamos esas células en las gammacámaras o en el PET —dependiendo del radiofármaco— y evaluamos si el paciente es candidato para tratar de forma dirigida y después administramos el Lutecio que va a ir directamente a las células que expresan el receptor, respetando a las de alrededor», detalla la especialista. Un ejemplo que, siguiendo este esquema, podría extrapolarse a otro tipo de cánceres.

Hoy en día, la especialidad se centra más en el diagnóstico que en la terapia. No fue así en sus inicios y tampoco lo será en el futuro. O eso, al menos, es lo que vaticina Pubul. «Comenzó siendo terapéutica con el hipertiroidismo y el cáncer de tiroides. Después se empezaron a usar un montón de radiofármacos diagnósticos y, ahora, volvemos de nuevo a un gran desarrollo de la parte terapéutica. Se calcula que dentro de muy pocos años la mayor actividad en los servicios de medicina nuclear vaya a ser la terapia». En el camino, se precisa paciencia e investigación. También derribar mitos. «No hay ningún estudio que haya demostrado que el yodo-131 produce daño. Los efectos secundarios son muy pocos y la calidad de vida es fantástica para el paciente», concluye de manera contundente.

Lucía Cancela
Lucía Cancela
Lucía Cancela

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.

Graduada en Periodismo y CAV. Me especialicé en nuevos formatos en el MPXA. Antes, pasé por Sociedad y después, por la delegación de A Coruña de La Voz de Galicia. Ahora, como redactora en La Voz de la Salud, es momento de contar y seguir aprendiendo sobre ciencia y salud.