Los plásticos duplicarán su impacto en la salud para el 2040: «Los gérmenes que adquiere en el medio ambiente lo hacen más tóxico»

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

El uso de botellas plásticas desechables es uno de los hábitos más fáciles de eliminar para reducir la exposición al plástico.
El uso de botellas plásticas desechables es uno de los hábitos más fáciles de eliminar para reducir la exposición al plástico. iStock

Una nueva investigación postula que disminuir la producción de este material es la medida más eficaz para reducir sus efectos, que van del aumento de la obesidad y la diabetes al riesgo de cáncer de próstata o de mama

27 ene 2026 . Actualizado a las 16:09 h.

Está en el agua que bebemos, en los alimentos que consumimos y hasta en el aire que respiramos. El plástico se han infiltrado silenciosamente en la vida cotidiana y, con él, crece la preocupación por sus posibles efectos en la salud humana. Una nueva investigación aporta una dimensión temporal a este problema. Publicada en The Lancet Planetary Health, se basa en modelos para predecir el impacto que tendrán las emisiones por plásticos y concluye que los efectos adversos podrían más que duplicarse de aquí al año 2040 si no cambian las prácticas actuales. Aunque el modelo no ha podido evaluar impactos asociados a muchas sustancias químicas contenidas en estos materiales, ni con los microplásticos y nanoplásticos que se forman a lo largo de su ciclo de vida, debido a la falta de datos y a «una grave falta de transparencia sobre su composición», los efectos que se han identificado son suficientes para hacer sonar las alarmas.

La investigación

El estudio analiza la carga sanitaria global de los plásticos a partir de un modelo que evalúa el impacto a lo largo de todo el ciclo vital de estos materiales entre los años 2016 y 2040, una proyección sobre los efectos a futuro de la exposición a plásticos. Para cuantificar el impacto del plástico en la salud, el estudio «integra un modelo de flujo de materiales», señala Roberto Rosal, catedrático de Ingeniería Química del departamento de Química Analítica, Química Física e Ingeniería Química de la Universidad de Alcalá, en declaraciones al medio Science Media Centre. «El estudio compara los años de vida ajustados por discapacidad bajo varios escenarios, partiendo de un crecimiento proyectado del 100 % en la producción de 2016 a 2040», detalla el experto.

«El artículo aporta un análisis sólido y bien fundamentado sobre los impactos climáticos y en salud asociados al ciclo de vida de los plásticos de un solo uso, que representan una parte muy significativa de la producción global», observa Carmen Morales, profesora contratada en la Universidad de Cádiz, investigadora en el Instituto de Investigación Marina (INMAR) y de la Scientists Coalition for an Effective Plastics Treaty, en declaraciones a Science Media Centre.

La principal conclusión del estudio es que la reducción en la producción de plásticos primarios sería la medida más eficaz para disminuir las emisiones y aliviar el impacto que estas tienen en la salud humana. «El estudio refuerza la necesidad de que el demorado tratado global sobre los plásticos se base en principios de prevención y precaución, con la protección de los derechos humanos como eje central, incluido el derecho a la salud y a un medioambiente seguro, limpio, sostenible y saludable» subraya Morales.

Este trabajo demuestra que centrarse exclusivamente en la gestión de residuos es insuficiente. «Aporta una base cuantitativa sólida para justificar políticas como la reducción de la producción de plásticos, la simplificación de los compuestos químicos empleados y la transparencia obligatoria en la composición de materiales», explica Juan Muñoz Arnanz, investigador especializado en química ambiental en el Instituto de Química Orgánica General (IQOG-CSIC).

Para reducir este impacto de los plásticos, los investigadores proponen un escenario de disminución del uso de aquellos no esenciales, proponiendo reemplazarlos por recipientes vidrios reutilizables, papel u otros materiales compostables. «Sin embargo, el planteamiento resulta algo confuso, ya que no define con precisión qué usos son no esenciales ni lo que ocurriría si se emplearan materiales de reemplazo distintos a los propuestos. Aun así, la conclusión es clara: reducir el consumo de plástico disminuye su impacto», subraya Rosal.

Las conclusiones apuntan hacia la extracción de materias primas y la fabricación de polímeros como los principales causantes de los daños a la salud, como consecuencia del calentamiento global asociado a la producción. Para Rosal, esta conclusión es incompleta, dado que «ignora el riesgo potencial debido a los aditivos químicos y a los microplásticos y nanoplásticos, que excluye por falta de datos sobre su composición y efectos», una importante limitación del estudio a la hora de estimar el peso verdadero del uso del plástico en la vida cotidiana. «Otra debilidad es que el estudio se limita a los plásticos comunes en residuos municipales —dos tercios del total—, excluyendo sectores como construcción, transporte, agricultura y textil», observa el catedrático de Ingeniería Química.

Impacto en la salud

La proyección de la producción de plástico en la Unión Europea para el 2040 es cercana a las 680 millones de toneladas, una cifra que engloba todo tipo de productos derivados de este material. «La producción es enorme, sobre todo por la sustitución de materiales. Estamos asistiendo a la sustitución de todo lo que era natural, desde los suelos de terrazo o los muebles de madera hasta los utensilios de metal, por su equivalente en plástico», observa Nicolás Olea, catedrático emérito de la Universidad de Granada, coordinador del Grupo Medioambiente y Endocrinología de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición y socio fundador de la International Academy of Environmental Medicine (IAEM).

Para el experto, estos productos de manufactura constituyen una de las principales industrias que utilizan este material, llegando a ser más relevantes que su uso para energía. «Si tienes un pozo de petróleo, puedes vender un barril a 83 dólares para quemar como combustible o fabricar unas gafas de policarbonato para venderlas a 500 euros por cada 100 gramos de plástico», resume. En este sentido, una de las principales industrias que utilizan plásticos es la textil. «Las previsiones ya están en 146 millones de toneladas anuales de plástico y derivados para la producción de poliéster o poliamida», ejemplifica.

El plástico, explica Olea, impacta en la salud principalmente de tres maneras. En primer lugar, por la presencia ambiental de este material y los derivados de su degradación, los conocidos micro y nanoplásticos. En segundo lugar, algunos de estos materiales son en sí mismos tóxicos, como es el caso del bisfenol A, prohibido para el uso alimentario en Europa debido a esta toxicidad. Y en tercer lugar, los aditivos químicos que se utilizan los productos plásticos para resistir al calor o a la radiación UV, retardantes de llama o filtros ultravioletas, pueden ser perjudiciales para nuestro organismo. Por si esto fuera poco, «ahora sabemos también que aquellas sustancias que el plástico adquiere en su paso por el medioambiente, como gérmenes u otros compuestos químicos, van haciendo que tenga una mayor toxicidad a lo largo del tiempo», apunta Olea.

Aunque crecen los esfuerzos para orientar la producción hacia la fabricación de objetos reutilizables o reciclables, «lo que se prevé es que la exposición humana sea cada vez mayor y, además, a productos cada vez más complejos», observa en este sentido el doctor Olea. Esta exposición ya está superando los niveles estimados hace años. «Cuando hicimos biomonitorización de estos residuos en la sangre y orina humana de los europeos, vimos que la exposición era mucho mayor de lo que habíamos pensado», insiste el especialista.

La carga de enfermedad atribuible a los plásticos está documentada desde hace años. Los problemas más reconocidos son aquellos vinculados con el sistema hormonal, causados por los disruptores endocrinos: sustancias que interfieren con estos sistemas dentro del organismo. «Tienen impacto en obesidad y diabetes, dos patologías de carácter hormonal, y en los problemas tiroideos. También estamos viendo problemas de fertilidad por endometriosis en las mujeres o bajo conteo espermático en los hombres. En niños, hemos visto problemas de comportamiento, de desarrollo neuroconductual o TDAH. Y a largo plazo, se asocian a cáncer de mama en la mujer o cáncer de próstata en el hombre», explica el doctor Olea. Lo alarmante, señala, es que no se trata de un producto que contenga estas sustancias y que podamos eliminar fácilmente. El impacto está multiplicado por la cantidad y variedad de plásticos a la que nos exponemos cada día, cuyos efectos acumulados todavía no se conocen por completo.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.