Por qué no debes poner la calefacción muy alta: «La temperatura ideal para mantener la casa es de 19 a 23 grados»

La Voz de la Salud

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Los radiadores son unos de los sistemas de calefacción más habituales.
Los radiadores son unos de los sistemas de calefacción más habituales. XOAN A. SOLER

Ante la bajada de los termómetros, los expertos detallan que el frío también puede agravar patologías crónicas respiratorias

24 dic 2025 . Actualizado a las 13:01 h.

Las lluvias dejarán paso al frío en Galicia en los próximos días, con un desplome de las temperaturas, tanto de día como de noche. Incluso cerca de la costa, las máximas apenas alcanzarán los ocho grados; mientras que en Lugo no pasarán de los cuatro. Pese a que se espera que las precipitaciones sean escasas, por encima de los 600 metros caerán en forma de nieve, precisamente, por el descenso del termómetro.

En el territorio de la salud, la exposición al frío es un desencadenante de complicaciones en grupos de población de riesgo, como es el caso de pacientes con patologías crónicas respiratorias, por ejemplo, bronquitis o la EPOC. El aire inhalado puede irritar las vías respiratorias, y provocar microinflamación o broncoespasmo.

A su vez el frío debilita debilita el sistema inmunitario y favorece la entrada de agentes infecciosos: «Lo que ocasiona enfermedades de tipo vírico, como la gripe o el catarro; o bacterianas, como la neumonía secundaria al neumococo», señala el doctor Albert Foo, médico de atención primaria, en el centro de salud de Laza (Ourense).

Desde el punto de vista cardiovascular, las bajas temperaturas pueden desencadenar episodios cardiocirculatorios o agravar patologías ya existentes. «El organismo pone en marcha mecanismos de defensa para conservar el calor, como la contracción de los vasos sanguíneos de la piel. Esta respuesta aumenta la tensión arterial, el corazón trabaja con mayor esfuerzo y la sangre se vuelve más espesa, lo que explica que durante los meses fríos se incrementen los infartos, los ictus y las descompensaciones de enfermedades cardíacas, especialmente en personas mayores o con patologías previas», indica el especialista. 

En suma, en el día a día, el frío incrementa la rigidez muscular y articular, «intensifica dolores crónicos y eleva el riesgo de caídas y accidentes, sobre todo en entornos urbanos o rurales con hielo y humedad», contempla el doctor Foo. En el plano psicológico, el mal tiempo puede favorecer el aislamiento social, la menor exposición a luz solar y la reducción de actividades al aire libre. «Todo ello se asocia con un empeoramiento del estado del ánimo y a trastornos efectivos», destaca. 

La calefacción, en su justa medida

Ahora bien, que el frío extremo pueda ser perjudicial no hace que la calefacción sea, siempre y en cualquier circunstancia, beneficiosa. La doctora María Sanz, miembro del grupo de trabajo de Respiratorio de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) explica en un documento publicado por la entidad que el problema llega cuando no se realiza un mantenimiento adecuado del sistema, ni cuando la temperatura es excesiva. «Pueden aparecer diferentes problemas de salud, como deshidratación, infecciones o problemas respiratorios, empeoramiento de las alergias, sequedad de piel y mucosas, dolor de cabeza, problemas de sueño», precisa la experta, quien reconoce que la calefacción, por sí misma no es mala, sino el modo de usarla.

Los efectos secundarios son diferentes en función de las características de cada persona, su edad, enfermedades crónicas y el tipo de sistema de calefacción.

En general, la temperatura ideal para mantener la casa es de 19º.C a 23º.C. «Una persona en reposo comienza a sentir frío con temperaturas inferiores a 20º.C; pero se ha demostrado que la temperatura de confort varía mucho en cada persona, pudiendo existir diferencias entre 0,2 y 4º.C.», precisa. Así, las mujeres, las personas acostumbradas a un clima más caluroso o que tienen poca grasa suelen necesitar temperaturas más elevadas. Por otro lado, a medida que avanza la edad se reduce la sensibilidad térmica tanto al calor como al frío.

Cuando en un espacio cerrado, hay demasiado calor, el organismo tiene una menor capacidad defensiva y la sequedad del ambiente, sumado a los grados, facilita la aparición de catarros e infecciones respiratorias. «La sequedad ambiental hace que se sequen las mucosas de la nariz, boca, faringe o tráquea, y se bloquea la producción de moco, facilitando la proliferación y colonización de los microorganismos en las fosas nasales y la vía respiratoria», indica. A su vez, los pacientes con enfermedades crónicas respiratorias, como el asma o la EPOC, son los que más riesgo presentan de sufrir complicaciones.

Aunque es menos habitual, determinados sistemas de calefacción pueden generar sustancias tóxicas perjudiciales para la salud y el medio ambiente cuando se acumulan en el interior de los hogares. «Por ejemplo, uno de los factores de riesgo para padecer EPOC es la exposición prolongada al humo que se genera de la combustión de la leña o el carbón», indica la doctora. Eso sí, un peligro mucho mayor es la producción de monóxido de carbono cuando hay una mala combustión del material utilizado para generar calor. «Si la intoxicación es leve puede aparecer dolor de cabeza, náuseas, mareo y somnolencia, pero si es grave puede llegar a producir la muerte», añade la especialista. De ahí que sea muy importante ventilar la casa y realizar un correcto mantenimiento de los sistemas de calefacción.

También en cuanto a tipos de sistemas, las bombas de calor incrementan la temperatura del ambiente mediante una corriente de aire caliente. Este flujo puede arrastrar partículas de polvo, polen, ácaros y microorganismos, lo que, según la doctora Sanz, puede agravar los síntomas de las personas con alergia.

Un exceso de calor también puede provocar sequedad de mucosa ocular, lo que produce irritación, picor, pesadez y enrojecimiento de los ojos. Por ello, siempre y cuando no se pueda evitar, es recomendable utilizar lágrimas artificiales.

A su vez, la sequedad también puede extenderse a la piel, pues la falta de humedad puede deshidratarla, lo que se manifiesta con picor, enrojecimiento y tirantez. «Son especialmente susceptibles a los cambios de temperatura y humedad las personas con pieles atópicas o con enfermedades en ellas, en las que la sequedad y la sudoración pueden producir empeoramiento de los síntomas y aumentar el riesgo de infección», detalla.

Por último, elevar demasiado la temperatura puede provocar sensación de embotamiento y dolor de cabeza, así como dificultades para conciliar el sueño. «Para tener un buen descanso se recomienda que la temperatura sea unos dos o tres grados menor de la diurna», contempla la miembro de la SEMG. 

Cómo reducir los efectos en la salud

Para evitar los efectos indeseados del uso de la calefacción, la experta propone dos medidas. Por un lado, el uso de humidificadores, así como ventilar las casas todos los días para que el aire se renueve y se limpie. «Al ventilar se consigue que el aire se oxigene, eliminando el dióxido de carbono que se produce con la respiración; y además se regula la humedad, aumentándola si el ambiente está seco o disminuyéndola si se condensa vapor. También es beneficioso ventilar porque se eliminan las partículas y gases tóxicos generados por los sistemas de calefacción, el humo de los cigarrillos o el generado al cocinar; así como las partículas de polvo y los microorganismos», detalla la médico de familia. Basta con abrir las ventanas unos minutos, y si hace mucho frío en invierno, aprovechar las horas de más calor o cuando incida el sol.