Rafael López, oncólogo: «Para prevenir el cáncer hay que evitar el tabaco, el sobrepeso y el alcohol, en ese orden»

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

El doctor Rafael López es experto en tratamientos oncológicos dirigidos.
El doctor Rafael López es experto en tratamientos oncológicos dirigidos.

El experto explica que los nuevos tratamientos basados en inmunoterapia están ayudando a aumentar la esperanza de vida

23 nov 2023 . Actualizado a las 17:31 h.

La palabra «cáncer» es, tradicionalmente, una de las que más miedo dan en el ámbito de la salud. Un diagnóstico que impone y que, aún hoy, asociamos a un alto riesgo de muerte. Pero poco a poco, esta perspectiva va cambiando gracias a los avances en diferentes métodos de tratamiento y al diagnóstico temprano que permite tratarlo a tiempo. En estos campos, las mayores revoluciones se han producido a partir de la introducción de terapias dirigidas, que preservan mejor la calidad de vida de los pacientes y atacan de manera directa a las células tumorales.

El doctor Rafael López es jefe del Servicio de Oncología Médica del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago de Compostela y responsable del Grupo de Oncología Médica Traslacional del Instituto de Investigación Sanitaria de Santiago de Compostela. Su investigación en inmunoterapia ha sido fundamental para el desarrollo de fármacos de nueva generación. Estos tratamientos desenmascaran los mecanismos que ocultan al tumor para que sea el propio sistema inmune el que le ataque y pueda crear resistencias ante el mismo en el largo plazo. En diálogo con La Voz de la Salud, el experto explica cómo funcionan estas terapias.

—¿Qué líneas de investigación se están desarrollando actualmente para el tratamiento del cáncer?

—El cáncer es el mayor problema sanitario del mundo occidental y ahora mismo es el terreno en el que más se investiga. Una de las grandes líneas de investigación son los tratamientos dirigidos y la otra es la inmunoterapia. Dentro de los tratamientos dirigidos, se están incorporando los anticuerpos conjugados y dentro de la inmunoterapia se está investigando sobre los fármacos anti PD-1, que son los que usamos en la actualidad. Se está investigando también cómo optimizar las combinaciones con otros inmunoterápicos, concretamente, los que inhiben puntos de control del sistema inmunitario, y con otros tratamientos clásicos, sean los tratamientos dirigidos, la quimioterapia, o los antiangiogénicos, que limitan la formación de nuevos vasos sanguíneos hacia el tumor, y también con anticuerpos conjugados. Hay un desarrollo altísimo de investigación en oncología y dentro de la oncología, en inmunoterapia. En terapia celular, ahora mismo hay más de 300 spinoffs investigando moléculas y tratamientos basados en inmunorerapia.

—¿Qué ventajas ofrecen estos tratamientos nuevos con respecto a los tradicionales?

—Con respecto a radioterapia y la quimioterapia, son tratamientos mucho más dirigidos y mucho más orientados a soluciones curativas o de cronificación de la enfermedad, es algo más biológico. La quimioterapia barría con todo, no discriminaba células buenas o malas. En cambio, ahora vamos a sitios más específicos. Otra de las características que tienen estas terapias es que hacen que el propio organismo luche contra el tumor. Estos inhibidores lo que hacen es levantar los frenos que el tumor le pone a las células de defensa para que no le ataquen. Entonces, estos fármacos no atacan al tumor, lo que hacen es despertar las defensas del organismo para que sean ellas las que ataquen al tumor.

—Menciona que el cáncer es la principal preocupación médica en el mundo occidental. ¿Cuáles son sus principales causas?

—Hay tres factores. Probablemente, influyan todos ellos en distintas medidas. El primero y más importante para el 70 % de los casos es un fallo en el mecanismo de replicación de las células. Ellas se están renovando continuamente. Cada día, cualquier organismo renueva miles o incluso millones de células. En ese proceso, se producen fallos que se van acumulando y los sistemas de control para que no se acumulen pueden también fallar. Es entonces cuando se producen los tumores. Tenemos dos mecanismos de control a grandes rasgos. Uno es el mecanismo de reparación del ADN, que corrige fallos que se producen en la replicación o los elimina para que no progrese el cáncer. Si las células tumorales se saltan ese paso, está el sistema de defensa, la inmunidad, que también elimina muchos tumores del organismo. Si fallan ambos, se produce el tumor. Después, hay un pequeño grupo de tumores, que representan un 5 o 7 % del total, que son hereditarios. Tenemos mutaciones genéticas que transmitimos a nuestros hijos y pueden causar tumores. Finalmente, hay un 30 % de tumores que se deben a factores ambientales; el principal de ellos es el tabaco y luego están el sobrepeso y el consumo de alcohol. La contaminación también puede influir, pero numéricamente, el impacto que tiene es pequeño.

—Es decir que el estilo de vida tiene un rol importante en el desarrollo de cáncer...

—Claro. Por eso insistimos continuamente en que hay que hacer vida sana. Hay factores difíciles de eliminar, como la contaminación o el radón, que tienen un impacto, aunque sea pequeño. Eliminar ese impacto es muy difícil. Quitar el tabaco es mucho más fácil.

—Volviendo a los tratamientos, ¿se está buscando desarrollar opciones menos agresivas, o se prioriza aumentar la efectividad?

—Se están buscando las dos cosas. De hecho, durante años se trabajó fundamentalmente con quimioterapia, pero ahora se investiga poco acerca de ella, entendiendo que es un fármaco que elimina todas las células, las buenas y las malas. Se pueden mitigar sus efectos secundarios con diferentes estrategias, pero ahora lo que se busca es ser más efectivo y menos tóxico. Todos estos fármacos nuevos son muchísimo menos tóxicos que lo que entendemos por quimioterapia.

—¿Qué estrategias permiten mitigar los efectos adversos del tratamiento?

—Con la quimioterapia clásica, se utilizan fármacos para no vomitar, fármacos para proteger las defensas, otros para proteger de la diarrea. Con los fármacos nuevos, tenemos más controles para ir entendiendo mejor los mecanismos por los que se producen los efectos secundarios y eso nos ayuda a limitarlos.

—¿Qué avances se han realizado en cuanto a la esperanza y la calidad de vida de los pacientes?

—En los últimos 20 años, la mortalidad por cáncer ha disminuido en un 30 %. Estamos en un momento de avance significativo, e incluso en los próximos años vamos a mejorar más esos resultados, afortunadamente. Es un momento muy esperanzador para la oncología con la incorporación de nuevos fármacos y el desarrollo de muchos ensayos clínicos.

—¿Se habla de curación con estos nuevos tratamientos?

—Nosotros hablamos de controlar el cáncer. Este control tiene dos aspectos diferentes. Uno es curar y otro es cronificar, es decir, convertirlo en algo más parecido a la diabetes: necesitarás tratamiento durante mucho tiempo, pero no te mueres de esa enfermedad. El objetivo está en tener un control del 70 % del cáncer para el año 2030 y, personalmente, creo que lo vamos a superar. Hablamos tanto de curar como de cronificar.

—¿Qué desafíos quedan de cara al futuro?

—El desafío es tener un mayor conocimiento biológico para entender por qué se producen los cánceres y qué ocurre en los momentos iniciales del desarrollo de la enfermedad. Hace falta más investigación para combinar diferentes estrategias y eliminar el cáncer. Estamos convencidos de que secuenciando o bien combinando diferentes mecanismos de acción es mucho más fácil evitar que el tumor vuelva a crecer.

—¿Estos métodos de combinación o secuenciación van a ayudar a frenar la metástasis?

—Claro. Esa es una de las claves. Otro aspecto que se está investigando mucho es vigilar más el cáncer a través de la biopsia líquida y todas las técnicas que podemos usar para saber en qué situación está el cáncer y poder atacarlo o diagnosticarlo antes.

—¿Cómo se apoya a un paciente que acaba de recibir el diagnóstico de cáncer?

—Todo el mundo se asusta y eso es normal cuando tenemos delante un diagnóstico de cáncer. Todavía es uno de los diagnósticos más temidos en el mundo occidental. Lo más importante es ser empático y decir las cosas con claridad, sin mentir. En un primer contacto, los pacientes muchas veces necesitan un tiempo de reflexión para asimilar toda la información. Siempre se intenta aportarles esperanza. Afortunadamente, cada vez hay más información sobre el cáncer y cada vez hay más avances que hacen que resulte más fácil transmitir ese optimismo, aunque todavía es duro.

—¿Qué consejos se pueden dar para incidir sobre las probabilidades de desarrollar cáncer?

—Sería ideal llegar a ver una primera generación sin tabaco. Y esto depende de los políticos, pero ellos se van a convencer también cuando vean que a la sociedad le importa esto. Después, se aconseja evitar el sobrepeso, mantener un peso ideal, disminuir radicalmente la ingesta de alcohol, hacer ejercicio físico, evitar la exposición al sol sin protección y evitar usar solariums, porque eso es introducirse rayos ultravioletas a toda presión y aumenta mucho las probabilidades de tener un melanoma. También hay que evitar, en la medida que se pueda, la contaminación, ventilar las construcciones, vigilar el contacto con químicos y evitar el asbesto. Pero lo más importante es evitar el tabaco, el sobrepeso y el alcohol, en ese orden. Y si se tiene un síntoma persistente, hay que acudir al médico con rapidez, no esconder la cabeza.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.




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