Alejandro Martín, hematólogo e investigador: «El linfoma puede aparecer a cualquier edad»

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

ENFERMEDADES

Alejandro Martín García-Sancho es investigador del Servicio de Hematología del Hospital Clínico Universitario de Salamanca.
Alejandro Martín García-Sancho es investigador del Servicio de Hematología del Hospital Clínico Universitario de Salamanca. La Voz de la Salud

El doctor, investigador del Servicio de Hematología del Hospital Clínico Universitario de Salamanca, destaca los avances logrados frente a esta enfermedad en los últimos años y cómo se ha logrado multiplicar la supervivencia

15 sep 2022 . Actualizado a las 13:34 h.

Los linfomas son un tipo de cáncer que ataca a las células del sistema linfático, una herramienta clave del sistema inmunitario que está constituida por la linfa, los vasos linfáticos, los ganglios linfáticos, el bazo, las amígdalas, el timo y la médula ósea. Tal y como explica la Sociedad Española de Oncología Médica, «dadas las múltiples localizaciones del sistema linfático, la degeneración cancerosa puede presentarse en cualquier parte de nuestro organismo, con implicación de los órganos linfáticos comentados o más raramente en otras localizaciones orgánicas».

Se trata, por lo tanto, de un tipo de cáncer que requiere tratamientos específicos centrados en atacar a las células malignas sin comprometer al resto del organismo. Esto es algo de lo que se está desarrollando en el ámbito hematológico. En el Día Mundial del Linfoma, el doctor Alejandro Martín García-Sancho, investigador del Servicio de Hematología del Hospital Clínico Universitario de Salamanca, nos cuenta cómo será el futuro de esta enfermedad.

—¿Se trata de un tipo de cáncer frecuente entre la población?

—Sí, es uno de los cánceres más frecuentes. Se estima que suele haber unos 13 casos por cada 100.000 habitantes y año. Si consideramos todos los tipos de linfoma juntos, el linfoma es el cáncer hematológico más frecuente.

—Escuchamos hablar de linfoma de Hodgkin, de linfoma de no Hodgkin, ¿por qué esta diferenciación?

—En realidad, tipos de linfomas hay muchos, más de 40 o 50 tipos. Pero, a grandes rasgos, sí que se pueden dividir en dos o o tres tipos. Su clasificación va a depender si la enfermedad viene de los linfocitos B o de linfocitos T. En nuestro medio, son mucho más frecuentes los linfomas B que los T. Esto serían los linfomas de no Hodgkin, pero luego existe también el linfoma de Hodgkin. A su vez, dentro de todos los linfomas B, hay unos que podríamos definir como agresivos o de alto grado de malignidad, que siempre hay que tratarlos, pero son curables con el tratamiento. Sin embargo, hay otros que llamamos de bajo grado de malignidad o indolentes, que no siempre necesitan tratamiento y se suelen considerar incurables porque los pacientes recaen con el tiempo. Pero son linfomas con una supervivencia muy larga y a veces no hay siquiera que tratarlos.

—¿Y por qué razón en nuestro medio es más común el de linfocitos B?

—La incidencia parece guardar relación con la variación geográfica. Por ejemplo, en Asia o en Sudamérica son más frecuentes los linfomas T. Seguramente influya algún agente medioambiental o algún agente infeccioso, pero lo que está claro es que en nuestro medio son mucho más frecuentes los linfomas B. Con diferencia.

—¿Por qué algunos linfomas no necesitan tratamiento?

—Los linfomas indolentes de bajo grado de malignidad, que el más frecuente de todos es el linfoma folicular, evolucionan durante durante muchos años. Empezar un tratamiento precozmente frente a él, si no tienes síntomas relacionados, no ha demostrado que mejore la supervivencia porque pasado el tiempo recaerán. Lo habitual, lo estándar, es esperar a que el linfoma adquiera una alta masa tumoral o que tengas síntomas relacionados con el linfoma. Ahí es cuando vamos a tratarlo. Dependiendo de los casos, pueden permanecer estables durante muchos años. Hay que tener en cuenta siempre que los tratamientos son tóxicos, que siempre tienen efectos adversos y a veces es peor el remedio que la enfermedad y es mejor dejar sin tratamiento estos casos.

—Es común ver a pacientes jóvenes de linfoma, ¿son más comunes en este grupo de edad?, ¿existe algún factor de riesgo?

—La realidad es que el linfoma puede aparecer a cualquier edad. En niños y personas jóvenes, sí, pero también en adultos y ancianos. Los tipos más frecuentes de linfoma aparecen en personas ya mayores. Por ejemplo, en el tipo más frecuente de todos, que es el llamado linfoma B difuso de células grandes grande, pues la mediana edad de los pacientes es la sexta década de la vida. O sea, se da en personas mayores. La causa es desconocida, pero sí que hay factores de riesgo. Hay predisponentes, como pueden ser infecciones por algunos virus o bacterias, enfermedades autoinmunes, inmunodeficiencias o tratamientos inmunosupresores. También algunos tóxicos como pesticidas o herbicidas parece que que suponen un aumento en el riesgo de desarrollar linfomas.

—En un gran número de cánceres, el alcohol y el tabaco aparecen como factores de riesgo, ¿también en el linfoma?

—No está claro, lo cual, evidentemente, no hace conveniente consumir tabaco o alcohol. Pero no se ha encontrado una relación clara.

—¿Hay algo que podamos hacer para prevenir su aparición?

—La realidad es que, posiblemente, la respuesta sea no. Tal vez puedas tratar de evitar entrar en contacto con pesticidas o la exposición a este tipo de tóxicos. Posiblemente, eso lo prevenga. También se ha relacionado con radiaciones ionizantes, por lo que evitar este tipo de exposiciones también puede ser aconsejable. Pero otros aspectos claves son más difíciles de prevenir; el tema de las inmunodeficiencias y enfermedades autoinmunes o las infecciones... pues resulta bastante más complicado.

—¿Qué síntomas pueden alertarnos de la posible presencia de un linfoma?

—El síntoma más frecuente es la presencia de ganglios linfáticos aumentados de tamaño. Los pacientes pueden notar la aparición de bultos en el cuello, que es la zona más frecuente, en las axilas o en la zona inguinal. Un bulto que no se acaba de quitar o que crece progresivamente. Eso es señal de que de que puede haber un linfoma debajo. En ocasiones, estos ganglios linfáticos están en el interior del cuerpo y no se ven. Empezarán a dar síntomas cuando ya tienen más tamaño y comprimen la estructuras de los órganos adyacentes, estos casos pueden cursar con otra mucha sintomatología más inespecífica como tos, si están localizados en la zona torácica, o dolor abdominal.

—¿El diagnóstico se confirma mediante biopsia?

—Sí, siempre se realiza una biopsia, generalmente de un ganglio linfático.

—¿Qué tratamientos se ofrecen hoy en día a un paciente con linfoma?

—Hay una investigación muy activa en nuevos fármacos y la tendencia es a aplicar cada vez más tratamientos libres de quimioterapia. La quimioterapia sigue siendo imprescindible en muchos tipos de linfomas, sobre todo en las primeras líneas de tratamiento. Luego, cuando aparecen las recaídas, las segundas líneas se basan cada vez más en esquemas libres de quimioterapia. Ha habido grandes avances en el campo de la inmunoterapia, sobre todo con la incorporación de la terapia que llamamos CAR, con receptor de quimérico antigénico. Este es posiblemente el mayor avance que ha habido en los últimos años. En ella se utilizan los linfocitos que se extraen del propio paciente por aféresis y se modifican en el laboratorio. Se hace una modificación genética para que, al volverlos a introducir después al paciente, vayan dirigidos a la célula tumoral y la destruyan.

—¿Es similar a los tratamientos de trasplante autólogo que se utilizan también contra el linfoma?

—No. El trasplante es otra modalidad de tratamiento que, en realidad, cada vez se utiliza menos. El trasplante autólogo consiste en la administración de una quimioterapia a dosis altas. Todavía se emplea, pero se tiende a usar cada vez menos gracias a la llegada de estos otros tratamientos que son menos tóxicos. Esto en cuanto a la terapia CAR. Otros métodos de los que disponemos son los anticuerpos bi-específicos, que son anticuerpos que tienen doble especificidad: una parte del anticuerpo es específica de la célula tumoral y otra que lo que hace es atraer a los linfocitos T sanos a donde está el tumor. Lo que hacen, en definitiva, es estimular a los propios linfocitos sanos del paciente para que destruyan el tumor.

—¿Se trata de técnicas experimentales o tratamientos que ya son una realidad clínica?

—La terapia CAR ya está aprobada y se utiliza desde hace unos tres años para este linfoma difuso de células grandes que, como comentaba, es el tipo más frecuente. Se recurre a ella en pacientes en las que han fracasado la dos líneas previas de tratamiento. Ha demostrado que tiene alto potencial curativo; un tercio de los pacientes se pueden curar si se les administra la terapia CAR. Además, los estudios desde que empezó el tratamiento ya tienen un seguimiento de más de cinco años —recordemos que la tasa de supervivencia del cáncer se mide a cinco años— y se ve que un tercio de los pacientes no han recaído y por tanto pueden considerarse curados. Hablamos de personas que antes de la llegada de este tratamiento prácticamente no tenían posibilidades.

—Menciona las recaídas, ¿son frecuentes en general?

—Depende del tipo de linfoma. En el difuso de células grandes pueden recaer en torno al 40 %. Entre los llamados indolentes, el más frecuente es el linfoma folicular, estos prácticamente todos acaban recayendo, a veces después de muchos años y van a necesitar varias líneas de tratamiento. Los pacientes de linfomas de células T también es común también que recaigan más del 50 % de los pacientes.

—¿Cómo se plantea el horizonte en la batalla contra el linfoma?

—Por un lado, los tratamientos están evolucionando claramente hacia fármacos libres de quimioterapia a través de estas modalidades de inmunoterapia que hemos comentado. También tenemos otras moléculas, inhibidores enzimáticos que llamamos inmunoconjugados; se trata de anticuerpos monoclonales que sirven para unirse a la célula tumoral. Una vez se han unido a la célula tumoral, entran dentro y liberan un tóxico. Todas estas modalidades de tratamiento ya se están empleando en la práctica clínica y hay muchas otras en fase de ensayos. España, en este sentido, está a la cabeza a nivel mundial porque todos los nuevos fármacos que se van investigando están disponibles en los hospitales españoles. También, por otro lado, se está avanzando mucho en el conocimiento de la biología del linfoma, en las alteraciones genéticas que hay detrás de la enfermedad. Se está avanzando mucho en esto con la idea de desarrollar fármacos dirigidos contra una alteración genética determinada, podríamos decir que como una especie de medicina personalizada. Pero hace falta más tiempo para que esto llegue a usarse en la práctica clínica. Por último, han evolucionado mucho las técnicas diagnósticas de detección del linfomas, la más avanzada es la tomografía con emisión de positrones, lo que llamamos el PET. Y hay una investigación muy activa en la llamada biopsia líquida, que es el ADN circulante tumoral. Las células tumorales, aunque estén en los ganglios, siempre puede detectarse por el ADN circulando por la sangre y esto puede servir tanto para el diagnóstico como para el seguimiento, para detectar una una recaída antes de que antes de que aparezca clínicamente. Esto facilita mucho las cosas porque se logra a través de una muestra de sangre que se estudia mediante técnicas genéticas muy avanzadas de secuenciación masiva.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.



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