Javier Urra, psicólogo: «A una persona joven y atractiva se le perdona más fácilmente un delito que a una vieja y fea»

Laura Inés Miyara
Laura Miyara LA VOZ DE LA SALUD

SALUD MENTAL

Javier Urra, doctor en Psicología.
Javier Urra, doctor en Psicología.

El experto ha publicado un libro en el que analiza más de un siglo de experimentos psicológicos para llegar a la raíz de cómo somos los seres humanos

13 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Los experimentos son la base del método científico. Permiten poner a prueba hipótesis de manera empírica y descubrir, en muchos casos, información que no conocíamos sobre cómo funciona el mundo. En psicología, los experimentos son una ventana para entender cómo nos comportamos en diferentes situaciones y cómo nuestras emociones influyen en esas conductas. Tomando estos experimentos como punto de partida, el psicólogo Javier Urra, doctor en Ciencias de la Salud y académico de Número de la Academia de Psicología de España, analiza la lógica que rige nuestra conducta en su nuevo libro ¿Cómo somos realmente? (Desclée de Brouwer, 2025). Una lectura que revela hasta qué punto la razón está supeditada a nuestro lado más emocional.

—¿Por qué decidió hacer esta revisión de los experimentos psicológicos más reconocidos?

—El libro parte de la pregunta de si el ser humano es más lógico o más psicológico. Y la respuesta, con los experimentos, es que es psicológico. Hay muchos ejemplos de esto. Si la habitación donde estás se empieza a llenar de humo y estás solo, saldrías corriendo. Pero si estás con otras tres personas y ves que nadie corre, es muy posible que ninguno de los cuatro corra. Si vas a un restaurante a cenar y te ponen unos cubiertos que pesan mucho, aunque no necesariamente sean de plata, tendrás la percepción de que has cenado mejor que con unos cubiertos que pesan poco.

—La premisa del libro es que los experimentos nos ayudan a saber cómo somos. En este sentido, ¿somos más cooperativos o más competitivos?

—Ambas cosas. El ser humano como especie ha llegado hasta aquí, que no es poco, porque es muy flexible y adaptable. Pero también, porque tiene una conciencia, una capacidad de sentir culpa, una capacidad de anticiparse al futuro y también una nostalgia. Esta complejidad nos hace ser como somos y necesitamos ambas características. El ser humano puede cooperar y de hecho lo hace muy bien, pero también puede competir y es muy importante que lo haga.

—¿Cómo describiría la inteligencia humana?

—En la parte de atrás del cerebro nosotros tenemos la amígdala, una región que es más primitiva. Después, aparecieron los lóbulos frontales, donde nace la empatía, entre otras capacidades humanas. Tenemos el lenguaje, que nos diferencia como especie, y tenemos aspectos sociales, culturales y espirituales que no se pueden comparar con la inteligencia de otros animales. Y desde luego, la inteligencia artificial no puede ser en absoluto comparada con la inteligencia humana. Puede hacer operaciones matemáticas o cruzar datos, pero eso no es inteligencia, no es creatividad. Porque la inteligencia tiene mucho de emocional también.

—Menciona que somos más psicológicos que lógicos. ¿Somos conscientes de hasta qué punto nos gobierna lo emocional?

—En España, el 80 % de la población cree que es más inteligente que la media. Desde luego, eso no es posible. Pero la gente cree que es más capaz de lo que realmente es y que controla más sus emociones de lo que realmente lo hace. Nos creemos con capacidad de decisión, pero los algoritmos configuran nuestra realidad, moldeando nuestras percepciones y decisiones.

—Muchos de los experimentos que recoge en el libro muestran cómo la presión del grupo influye en el individuo. ¿Por qué ocurre esto?

—Porque somos una especie animal muy social. Para que exista el yo tiene que existir el tú. Solomon Asch realizó un experimento para explorar la conformidad social. Utilizó cómplices y un participante genuino. Los experimentadores mostraban tarjetas con líneas y debían elegir la línea que se parecía más a otra. Los cómplices, en secreto, empezaron a dar respuestas incorrectas, y el participante real a menudo respondía lo mismo que ellos, a pesar de saber que la respuesta que daba era incorrecta. La presión del grupo hizo que los participantes reales aceptaran opiniones erróneas para encajar. Asch descubrió que la presión era más fuerte cuando los cómplices estaban unidos en su respuesta incorrecta. El experimento destaca cómo la conformidad puede llevar a aceptar lo incorrecto por miedo a la exclusión social.

—¿Qué sesgos cognitivos tenemos de los que no seamos conscientes?

—Uno es que a una persona joven y atractiva se le perdona más fácilmente un delito que a una vieja y fea. Lo vimos con el caso de Sancho. Otro muy importante es el sesgo de confirmación, que nos lleva a darle más importancia a las noticias y medios de comunicación que confirman nuestros criterios. Este sesgo es muy problemático y por eso deberíamos leer medios que expresen justo lo opuesto a lo que nosotros pensamos.

—¿El sesgo de confirmación ha llevado a que tengamos problemas para aceptar a las personas diferentes de nosotros?

—Sí. Hay que saber que tenemos sesgos y prejuicios. Una vez que lo sabemos, podemos intentar tener una actitud autocrítica y no caer tan fácilmente en ellos. En un estudio sobre prejuicios raciales, se evaluó cómo las personas reaccionaban a imágenes de rostros blancos y negros junto con adjetivos positivos y negativos. Se encontró que los participantes mostraban más predisposición a asociar adjetivos negativos con rostros afroamericanos y adjetivos positivos con rostros caucásicos, revelando actitudes prejuiciosas inconscientes. Esto demuestra la importancia de las evaluaciones automáticas en nuestras acciones, incluso si contradicen lo que afirmamos conscientemente.

—Algunos experimentos dejan al descubierto que nuestra percepción es fácilmente manipulables.

—Sí, más de lo que pensamos. Hay un experimento en el que dos personas se cruzan en la mitad de un puente a mucha altura. Con el riesgo de caer, la posibilidad de que al acabar el experimento le pidas el teléfono a la otra persona para quedar es muchísimo más alta que si te cruzas a la persona antes o después de haber cruzado. Lo que estás valorando en ese momento es el riesgo de vida, que hace poner en perspectiva el miedo al rechazo.

Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara
Laura Inés Miyara

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.

Redactora de La Voz de La Salud, periodista y escritora de Rosario, Argentina. Estudié Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario y en el 2019 me trasladé a España gracias a una beca para realizar el Máster en Produción Xornalística e Audiovisual de La Voz de Galicia. Mi misión es difundir y promover la salud mental, luchando contra la estigmatización de los trastornos y la psicoterapia, y creando recursos de fácil acceso para aliviar a las personas en momentos difíciles.